viernes, 22 de febrero de 2013

de Poemas y manjares

de  Poemas y manjares

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PRÓLOGO DE IVONNE BORDELOIS
 
“Cocinar es una de las tantas formas de hacer el amor”: Miroslav Scheuba, sale aquí con todas sus plumas, sus sartenes, sus paletas, su inspiración checo-chilena-argentina, a demostrar, a probar y comprobar para nosotros la suavidad del aceite, el evangelio de la harina, el ojo del fuego, el emocionado arroz, las ostras mentirosas, las nocturnas papas, la bondad del agua y el piropo de la pimienta negra. Su elemento y condimento es la metáfora nutricia, el gusto por la vida y la materia y literariamente, una especie muy poco frecuentada en nuestros días de deliberados y aburridos deconstruccionismos y otras negras filosofías: las ganas, las poderosas y vitales ganas de vivir y gozar y compartir vida e inocentes gozos con los amigos y semejantes. Un erotismo candoroso y alegre recorre estas páginas que nos proponen frutas y pescados, comidas al borde del mar y de las nubes, recetas milenarias y otras modernísimas, secretos exóticos y otros venidos de los delantales de la abuela, enlaces inesperados de colores, sabores, leyendas afrodisíacas y celebración de jacarandaes y jengibres. 
Sus viajes culinarios son señales certeras de ágape, de paz, de alegría y de reconciliación, de reconocimiento por esa “enigmática abundancia del mundo” de la que hablaba Borges. De ella este libro es un ferviente y enamorado homenaje.
Como Horacio, el sabio poeta latino, uniendo lo útil a lo elegante, Miroslav Scheuba acompaña sus efusiones líricas -como su certera alabanza el sagrado sabor del curry- con puntuales, amorosas y minuciosas recetas de cuya eficacia doy fe. Entre el lector con confianza y alegría en este libro que no viene a abrumarlo, intimidarlo o enceguecerlo, como es costumbre de la malvada literatura de nuestros días, sino a llevarlo de la mano, de los ojos y de la lengua, a uno de los pocos inmarcesibles territorios que nos quedan de armonía e ingenuo placer: el banquete con los amigos y los amantes, ocasión de ingenio, saludable hedonismo y puerta inconfundible a las confidencias más memorables de la amistad y el amor.












 
                                                                                                                                                                       Ivonne Bordelois

ODA A LA SAL

Cae sal viajera
sobre mi mano,
te estoy midiendo y sopesando
en este canto.
Cae y te recordaremos,
tímido cristal del desierto.
Más de una vez
todos te hemos olvidado;
hoy no, amiga y enemiga.
Aquí te canto y te transpiro
y cocino con tu bíblico sabor
que me sigue y me deja
a un punto del abismo,
casi al borde de una lágrima y del mar
que has encerrado para siempre
entre nosotros.

ODA A LA PIMIENTA

Aprender a vivir o a bajar el telón,
a esconder la olla o a sacar la lengua,
a cambiar tu nombre o a picar el cielo.
Tu público sabor será siempre
molido en cuenta en esa obra pícara,
donde te caes, te sufres y te gozas
acomodándote en la escena
para representar apenas
un punto en el infierno.
Que otros te mientan o te ofrezcan
en un piropo o en los sueños del comercio.
Con la medida de un párpado
o con sólo guiñar un ojo
y al precio de una sola palabra,
nos volverías a vender en un grano
la verdad de un mundo que no era nuevo.

ODA A LA SALSA DE SOJA

Oscura y fuerte
como una llave vieja o un secreto bien guardado.
Bella
en la tradición de un pueblo que contempla
el amanecer que viene bajando
por la gran muralla que se abraza a la montaña.
Respetable
como el aire antiguo rodeado de dignidad
que tiene una anciana en los jardines de la tarde.
Sabrosa y necesaria
has viajado de una dinastía a otra
y has soñado el sueño de las reencarnaciones
donde te han iluminado
profunda y puntual en tu propia ceremonia.
Valiosa y rica
contada como una maravillosa historia del Oriente.

ODA AL PAN

Hermano, hermano milagroso
que has estado en las manos del Señor,
nunca faltes en la verdad de ninguna mesa,
ni en el falso mesón del ateo que igual come
ni en la pobre tabla del incrédulo que igual duda.
Menos, en la mesada del panadero que te sueña.
Él, con el soplo de sus manos,
hace cordilleras y tormentas en la cordillera
con montañas de harina y harina en el viento.
Con los ríos de los deshielos
forma un lago que peligra
y que no se desborda
porque está la voluntad de su creación
con el amasado de la mañana.
Ocre la nube frágil baja en granizo
de mágica levadura fecundante.
Ya los fermentos levan la masa
por la acción de sus pasiones.
Ahora los cerros elevados y desenvueltos,
ya cortados, son llevados al vientre de un sol
que los va a gestar para la vida. Al fin una voz exclama:
¡Ha nacido el pan!
A compartirlo entre todas las religiones
para que lo hagan doctrina.
Para que reciba el beso agradecido de los fieles
que algún día se irán a dormir en el cielo de una vida eterna,
o para que reciba la saliva del blasfemo
que lo muerde y lo arroja cometiendo la herejía.
Mas el pan de génesis es un símbolo
creado como la palabra. Una palabra
en este universo secreto y verdadero.
Y universo es el verdadero y secreto
nombre de Dios.

ODA AL CURRY

De lejos
por el color,
de cerca
por la textura,
de arriba
por la altura de tu aroma,
de abajo
por la importancia de tu peso,
de adentro
por tu misterio,
de afuera
por tus elefantes.
Para mí
y tal vez para otros,
tienes un sabor sagrado
con algo de circo y mucho de religión.

ODA AL JENGIBRE

Llevas la firma y el sello de muchas manos
que te marcaron y reencarnaron
por los recovecos de la tierra
y las fragancias del cielo.
Ayer soñabas en el sopor de un delirio,
hoy sigues en la burbuja de un sueño,
en una realidad percibida como una esencia,
en una estela de siglos y distancias
del viento que llega a ser un canto
y de un canto que luego es alimento.
De ojo en ojo, de boca en boca,
dormido o desfigurado,
estás en el mascarón de proa
del buque que navega por los paladares
contra viento y marea. Todos te saben
raíz torcida por una caricia o por un desprecio.

ODA AL SATAY

De plata antigua o de fierro viejo,
humilde y mellado; afilado y elegante,
callejero o aristocrático
en Singapur te dicen satay.
Aquí te nombro recuerdo, pincho para el destierro
y ya no me importa que seas de marfil,
de bambú o que te llamen brochette.
¡Oh satay! aquí te tengo a mano
para clavar en tu memoria
toda el hambre que anda suelta por el mundo.
Los cerdos no te quieren, pero no importa,
nunca dejarás de prestar, no sin cierto sincretismo,
un pequeño servicio a la humanidad.


ODA AL PANQUEQUE MANDARÍN

¿Qué pasó contigo
en la dinastía Shang,
en la dinastía Ming,
en la dinastía Yuan?
Te probaron y aplaudieron,
pero que no se acordaron de ti
en los valles del río Amarillo,
en los refugios de Yunnan,
ni en Karakorum ni en Pekín
a la hora de pintar una porcelana.

Aquellas dinastías
junto con sus guerreros,
sus códigos de honor,
sus biombos
y sus dragones
se terminaron,
pero tú sigues nadando en otros platos de porcelana.


ODA A LAS OSTRAS CON PERLAS CULTIVADAS

Aprenda a conocer las ostras,
las frescas son egoístas y cerradas.
Tenga en cuenta las matemáticas y no compre sin entusiasmo;
piense en docenas y alégrese.
Si está oscuro, triste o melancólico,
deje las otras para otro día y practique el ostracismo.
El segundo relámpago es aprender a abrirlas,
es todo un arte. Si se corta un dedo, insulte.Luego, lávelas con la bondad del agua,
(ellas hacen el amor en la playa
y siempre están sucias de arena).
Pruebe a la ostra pálida que considere sospechosa
y si le miente, escúpala. Es un deber
acordarse de tener mucho hielo
y no olvidarse del vino; mejor con espuma.
Perfume las ostras con jugo de limón
y consiga un collar de perlas falsas. Suéltelo
sobre el hielo picado, lecho nupcial de ostras
y perlas que si de pura emoción
de falsas pasan a verdaderas, usted es un poeta.


ODA AL GUACAMOLE
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1 cebolla, 2 jitomates (tomates), 3 aguacates (paltas) y 4 chiles (ajíes).

Esta preparación también lleva un poco de la bondad del aceite,
unos silbidos de cilantro, más la sal de nuestra experiencia.
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Porque uno es el Universo, uno es Quetzalcóatl, una es tu familia. 
Entonces, pela una cebolla sin llorar y pícala por todos ellos.
Dos son los caminos de la vida: uno es de luz y otro, de sombras.
Elige. Pela los dos jitomates y según has elegido
pícalos por alguno de los dos caminos.
Tres son las artes que pueden ocupar tu tiempo: el arte de la agricultura, 
el arte de la pintura y el arte de los signos.
Muele por algunas de las tres los tres aguacates
y no habrás molido en vano.
Cuatro son los destinos de tus alimentos:
tus ojos, tus manos, tu corazón y tu memoria.
Pica por ellos los cuatro chiles 
y con lo que veas, con lo que escribas, con lo que sientas y con lo que recuerdes,
tu vida será cada día un poco más alta
y tu muerte, cada vez más pequeña. 
 
A Juan Villoro


ODA AL BOUQUET GARNI

Una vez más, los dos han sido expulsados del Paraíso
y la amargura los ha tenido sin comer y sin hablar.
El pecado original, frutal y peligroso, fue y sigue siendo
cometer dos, tres o más veces el mismo error.
Fueron los primeros en comprobarlo
y así, perdieron para siempre una morada
donde todo estaba servido en abundancia. El árbol
de la tentación, es el mismo árbol de la última oportunidad.
Qué importa ahora que la planta diera manzanas o membrillos.
Los dos buscan un refugio,
ella lo consigue en la montaña.
El entra y se tiende; está tendido y derrotado,
pobre de sueño, huérfano de ángeles y despojado de estrellas.
La mujer, enojada y decidida, sale a cazar.
Después será Eva, será Diana,
o la que ha retenido una liebre
que había quedado atrapada a la salida de una cueva.
Sabe que si quiere comer, la liebre tiene que morir;
ya le ha quitado la vida, ya la ha limpiado.
Hubiera preferido ser ella la liebre
y no la que ha encendido el fuego.
Esconde su trofeo y baja hasta el río
a buscar agua. Por unos tranquilos momentos de luna
quiere estar sola. Se tiende en un prado
bajo un árbol honorable y a su lado
unas hierbas la consuelan. Una mano, la suya,
va ordenando estos verdes remedios en la otra:
la humildad del perejil, la esperanza del tomillo,
la fortaleza del estragón, la paciencia del romero.
El árbol de los honores, que no por casualidad es un laurel,
deja caer gloriosamente unas hojas perfumadas
y ella se da cuenta de que no todo está perdido
o encontrado. Prepara su liebre cocinándola
con las hierbas y sus sabores. El humo y los perfumes
llaman al ausente. Adán regresa,
la liebre ya ha sido purificada por el fuego
y comparten la comida como han compartido el castigo.
La noche oscura va pasando, ya vendrán días nuevos;
los espera el sudor, un duro camino y una larga historia.
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A Ester de Izaguirre

NECRO
NECROLÓGICA PARA UN JABALÍ

La vida de este ser fue una permanente actividad de servicio hacia el logro de un encuentro de tenedores y cuchillos donde distinguidos comensales han sido convocados. El Jabalí, aquí de cuerpo presente, fue un ejemplo de dedicación y de militancia natural es su indiscutible legado para un ágape, pero fundamentalmente para la reivindicación de las alternativas gastronómicas. La muerte de este valeroso camarada nos señala la necesidad de una lucha irrenunciable, cualidades que van unidas a una acción, a una conducta y a una doctrina. Cuando nos pregunten si este Jabalí murió en buena Ley, diremos que sí, porque el recuerdo de su sabor  seguirá  viviendo en La Fisiología del Gusto y otros panegíricos. Este digno ejemplar vivió para encarnar la esperanza moral de una buena digestión más allá del fuego que ha  purificado su carne, la que tiene que ser masticada con inteligencia y gratitud. El creía profundamente en las proteínas que defendió tenazmente bajo un marco de legalidad y justicia, por lo tanto, su mensaje siempre estará vigente. Con Jaba o Jabalito, o simplemente Lito para sus más íntimos,  desaparece una de las figuras más puras y desinteresadas del salvajismo argentino, porque a lo largo de una vida que estuvo  marcada por la valentía, supo poner mejor que nadie eso que otros no tuvieron. Courage is grace under pressure, decía Hemingway: El coraje es una gracia bajo presión. Él lo demostró con sus colmillos y sus ejemplos en las causas más nobles y sinceras, para enseñarnos cuáles eran sus  ideales y porqué y para qué los había pregonado, al igual que los más grandes animales salvajes de la patria, ejemplares  que el día de mañana también vendrán a honrar esta mesa, porque como dice el refrán, a cada chancho le llega su San Martín.



ODA AL VINO

Al vino le gustan los rincones,
la soledad fresca y oscura, el duelo de los árboles,
el sueño de los sótanos, las clepsidras
y los más antiguos relojes que ya se han cansado del tiempo.

Al vino le gustan las espadas, las anotaciones en los mapas,
el inquieto sextante, el silencio de la brújula,
el canto de las olas, los barcos de siglos pasados,
la luna en el cielo y la misma luna en el mar.

Al vino le gustan los negros chales de vicuña,
los almanaques del almacén, las cintas, las medallas,
el papel de seda, los pergaminos lejanos y abandonados
y los viejos libros que apenas murmuran su desdicha.
 
Al vino le gustan los viajes, las islas escondidas,
las leyendas, las buenas novelas, los tesoros,
el teatro, mucho teatro y los escritorios. Vivir
de ilusiones, las frases célebres, el oro y el olvido.

Al vino también le gustan las doncellas,
los violoncelos, los cálices, las sacristías,
los sumos sacerdotes, las astrólogas, los alquimistas,
los fantasmas, las máscaras, los poetas y los políticos.

A los tintos le gustan las madrugadas, mentir en las tabernas,
ser juglar, trovador, señor en un palacio,
un libertino en las alcobas. Estar en un sabio mayordomo,
ser actor, doctor y un domador de viudas.

Y a los vinos blancos le gustan las rubias y las maderas,
los sonidos en la penumbra con telarañas
que se mueven como tímpanos, los frutos prohibidos,
los ruiseñores de la lluvia y el amor de los insectos.

A Luisa Valenzuela


de LAS OTRAS LLAVES DEL REINO



de Las otras llaves del reino

La escritura y la gastronomía comparten una misma ensoñación: ambas nacen del apetito de los hombres, de su deseo de paladear el mundo. Las minificciones de Miroslav Scheuba no sólo son una pequeña enciclopedia de la Comedia Humana, también se revelan como una invitación a ver en la historia un comprimido que estalla en múltiples incandescencias en el instante de la lectura y la comunión.
Estos suculentos canapés están manufacturados milimétricamente: tómelos con la punta de los dedos y engúllalos dichoso de un bocado.
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Rafael Toriz, Xalapa, México, Septiembre, 2009
 

ELLA

Volvió al Paraíso por unos instantes porque se había olvidado de guardar algo en su cartera: un frasco de perfume de manzanas rojas.


FILOSOFÍA I

Sócrates = tábano + caballo


FILOSOFÍA I I

Ciencia
Opinión = una verdad
diálogo + banquete = amistad
amistad x una verdad = Platón

DIÓGENES

En una fría noche de invierno unos jóvenes de Corinto fueron hasta el famoso tonel para preguntarle a Diógenes qué había comido. Estaban haciendo la pregunta cuando vieron en el suelo los restos de varías cebollas. A pesar de la oscuridad, el filósofo vio el movimiento de los ojos de quienes habían venido a interrumpir su sueño. Sin mostrar enojo, bostezó y les respondió: -Esta noche he cenado mejor que nunca, me he comido todas las estrellas y no he llorado.

SÓFOCLES

A los escenarios griegos concurrieron toda clase de desgracias físicas y morales. Si sumamos a estas circunstancias humanas lo irónico y paradójico de las vueltas de la vida, ya tenemos una pieza de teatro. Si el que la escribe y luego, quien la dirige desde cierta honestidad intelectual, nos entusiasma para seguir de cerca a la verdad en ese argumento, la gran verdad que ya todo el mundo conoce y donde el último en enterarse es el personaje, la obra tiene la inmortalidad asegurada. Con mayor razón si el personaje es el asesino de su padre y es el amante esposo de su madre, por lo tanto, es padre y hermano de sus hermanos. 
 
NAPOLEÓN

Si Napoleón Bonaparte hubiera sabido que una marca de las mejores bebidas espirituosas iba a ser conocida en todo el mundo por su nombre, no hubiera elegido la carrera militar. El Gran Corso no hubiera batallado en Italia, nadie se acordaría de la batalla de Marengo ni de la sedienta toma de Alejandría y mucho menos, de la batalla de Austerlitz. Finalmente, Napoleón no hubiera tomado ese trago amargo que fue la batalla de Waterloo y se hubiera dedicado de entrada a la fabricación de Coñac.


MARILYN MONROE

Me he enamorado de dos hombres importantes; estoy metida en un grave problema: son hermanos.”

JOHN KENNEDY

Robert, sólo hay una solución y ya sabes cuál es. Estas son las llaves.”
  

Un par de fábulas de ABECEDARIO FABULOSO

Un par de fábulas de
Abecedario Fabuloso
 
        Dice la Collier’s Encyclopedia, y ya sabemos que los norteamericanos a veces tienen razón, que la fábula es un relato breve que ilustra con animales, virtudes y vicios humanos. Estas ficciones culminan con lo que La Fontaine llamaba la moraleja. Miroslav Scheuba, en su “Abecedario Fabuloso”, retoma esta forma legendaria de pintarnos con ironía y conocimiento; hay mucho camino recorrido, diversos tipos humanos estudiados sin velos pero con cierta humana simpatía. A propósito de las moralejas escritas por Miroslav, las voy a tener en cuenta para mis próximas publicaciones.

Mónica Ottino

Las abejas y las arañas
 
Las arañas estaban cansadas de esperar un mundo mejor, para colmo de males, en sus telas sólo quedaban atrapadas moscas estúpidas. Sin darle más vueltas al asunto, estudiaron el panorama y llegaron a una conclusión: hacer negocios por Internet. Fue así como decidieron poner un aviso en la Web anunciando con bombos y platillos la inauguración de dos importantes agencias, una sentimental, donde los seres solitarios podrían encontrar pareja, y una de viajes. Ambas trabajarían en conjunto para que los enamorados a primera vista, luego de casados, pudieran viajar y disfrutar de una maravillosa luna de miel.
La primera en caer fue una abeja reina que andaba buscando un zángano como la gente. Su majestad no tuvo problemas para pagar los servicios de la agencia, ya que las arañas aceptaron de buena gana un panal con jalea real de reconocidas propiedades afrodisíacas. Colgados los anuncios en los portales, llegó el día señalado. Para demostrar que la cosa iba en serio y que tenía un principio de legalidad, el encuentro no sería nocturno sino matinal. Desde temprano se encontraron más de mil zánganos sobrevolando un galpón esperando que las campanas de una escuela dieran las doce, hora en que la abeja reina vestida de novia saldría volando hacia el cielo y sólo el zángano con mejor estado atlético sería el elegido para cumplir su papel de marido, siempre y cuando, la alcanzara y la poseyera en pleno vuelo.
Consumado el acto que legitimaba el matrimonio, volvieron al galpón de las arañas para retirar los pasajes y cupones de la estadía del viaje que ya estaba pagado, pero las sinvergüenzas habían desaparecido sin dejar rastros. La abeja reina y su príncipe consorte no se hicieron mayores problemas porque estaban muy felices. Cuando llegaron a la colmena, observaron entre las abejas obreras una gran preocupación: había desaparecido un panal con propóleos preparado como hormiguicida. En el apuro de cerrar el trato con las arañas, la abeja reina se había equivocado y en lugar de enviar un panal con jalea real, había enviado otro, el que faltaba.
Al final las arañas estafadoras tuvieron su merecido. En esa noche de juerga no sólo quedaron duros los araños con “la jalea real”, sino las que se creían muy vivas fueron detenidas acusadas de envenenamiento. Luego, fueron procesadas y durante el juicio, halladas culpables de asesinato agravado por el vínculo. No obstante, las arañas en la cárcel no se han quedado tranquilas, siempre están tejiendo algo nuevo. Condenadas a cadena perpetua, tienen tiempo de sobra para planificar una fuga de película. Mientras tanto, con otras internas han organizado un drugstore, una oficina de secuestros express y un taller literario.

Moraleja: Sutil el destino tejiendo redes ha unido a las arañas organizadas. 
 
 EL GALLO CANTOR Y LOS GANSOS PUNITIVOS

Todos los días a las cinco de la mañana el gallo cantor despertaba a toda la granja con frenética puntualidad. La fauna, dormilona y enojada, convocó a una asamblea con piquete y corte, acto al cual fueron invitados todos los animales, menos el despertador involuntario que los urgía a encontrar una solución. El consejo regional de esa junta agropecuaria reunido en una mesa de enlace, determinó dos medidas a tomar. La primera, serían los gansos quienes le pedirían al gallo que no cantara más. La segunda, si seguía despertando a todo el mundo como de costumbre, terminar con la opereta liquidando al tenor. Fueron inteligentes los animales con esta designación, ya que los gansos no sólo son bulliciosos sino bastante agresivos, violencia que está permitida desde que un granjero austriaco llamado Konrad Lorenz le dedicó muchos años a la etología. Así se llama la distracción de observar las costumbres y el comportamiento de los gansos. El granjero llegó a esta conclusión: ningún ganso es culpable de su mala conducta. Esta novedad fue publicada bajo el título “La agresión, ese pretendido mal”. Por esta y otras anotaciones, Konrad Lorenz en 1973 se ganó el premio mayor de la lotería sueca; lotería fundada por Alfred Nobel y legalmente autorizada.
Avisado el gallo que tenía que terminar con las presentaciones de su Ópera Cock, los gansos con aire autoritario se retiraron al rincón de su soberbia. Lo que había escuchado el lírico gallináceo había sido algo más que un aviso, había recibido una velada amenaza:
"Compañero gallo, queda usted notificado que en esta granja se ha conformado una especie de Ku Klux Klan, es decir, una sociedad secreta que ejercerá todo su poder contra la igualdad de derechos de los gallos cantores. Por ende, avise a todos sus colegas de granjas vecinas que si quieren cantar, lo pueden hacer cerca del medio día." A la mañana siguiente, con mayor fuerza y razón, todos los gallos cantaron a los cuatro vientos la persecución declarada. Con esta avanzada gremial los gansos se pusieron tan nerviosos que se atacaron entre ellos y tuvieron que consultar a un cisne psicólogo, quien como terapia de grupo los mandó de paseo. Evidentemente, era un profesional de la escuela lacaniana. Fue así como los gansos partieron de su granja –que estaba más o menos limpia– y no pararon hasta llegar a un basural. Un basural post-freudiano, como diría el mismísimo Lacan. Al final del recorrido entre la mugre, mientras el ganso tesorero graznaba diciendo que el pago de la consulta había sido plata tirada a la basura, otro ganso graznaba eufórico porque en el progresivo basural había encontrado media página de un diario. “¿Cuál es el motivo de tu euforia lingüística?” preguntó el histérico tesorero de los gansos. “¡Pues, aquí está la solución!” respondió mostrando los restos malolientes de una página de una revista que venía con un diario dominical. El tesorero se puso los lentes y leyó: Receta del Coq Au Vin.
¡Muy bien!, ¡por fin!” exclamaron los gansos al comprender el valor de la información encontrada y ahí no más limpiaron y recortaron los restos del periódico para llevarlo a la granja. Seguro que el agricultor se iba a entusiasmar con la gastronomía, esa delicada mezcla de ciencia eterna con arte efímero que inventaron los franceses y que con el tiempo se transformaría en un vulgar comercio, negocio apto para todo tipo de audaces –con preeminencia de rufianes– que tuvieran ganas de lucrar con el apetito de los poderosos y la debilidad de los hambrientos. La receta sedujo al granjero y dispuso que la ciencia y el arte estuvieran al servicio de su mesa. Llamó a su mujer, leyó en voz alta la lista de los ingredientes y se repartieron las tareas para cocinar el gallo al vino. Ella iría a la huerta para recolectar las hortalizas, mientras el iría por la presa principal. Cuando el emplumado cantante vio venir al nuevo gourmet con un reluciente cuchillo, se subió a un árbol y armó un escándalo. En flamante gourmet que ya había puesto a funcionar paladar y saliva imaginando el delicioso plato, retrocedió y luego, del galpón de las herramientas apareció con una escopeta y apretó el gatillo. Detrás del cañonazo cayó ruidosamente el gallo, quien ya desplumado y limpio de municiones fue cocinado a fuego lento con 3 zanahorias, 1 cebolla, 1 rama de apio, 200 g de champiñones, 200 g de cebollitas francesas, 2 dientes de ajo, 1 puerro y un ramillete de perejil, laurel y tomillo, más el agregado de una botella de vino borgoña de costo más que prudente. El producto del arte culinario resultó exquisito y el patrón premió a los gansos punitivos con todas las migas y sobras del manjar. Durante la sobremesa, en un clima de paz digestiva y provechosa, el granjero le prometió a su mujer que compraría cada domingo ese diario que revelaba los secretos de tanta felicidad. Para no ser menos que los famosos cocineros, en un rincón de su granja también cultivaría unas mentadas hierbas aromáticas.
La fusión y confusión de cocinas fue la responsable de que el paladar del matrimonio de granjeros fuera perdiendo su llanura, su doña Petrona, su chimichurri y su guitarra al pie. Se alejaron de churrascos y chinchulines, del puchero y del caldo. Por culpa de la televisión carismática, empezaron a abusar del Casancrem. Cambiaron galletas de campo por galletitas integrales, el agua de pozo, por agua mineral, y el “Vino Fino Borgoña” por lujosos vinos varietales. Tanta curiosidad dominguera les reveló el desconocido sabor de algunos frutos de mar durante una temporada que terminó en el hospital más cercano. Allí, se la vieron negra para curar una intoxicación causada por langostinos “frescos”. Por otro lado, el impune periodismo de cebollas y sartenes siguió entregando una dosis semanal de peligrosa información y causó un estrago de lágrimas y quejidos en los hogares de lechones y terneras, como también provocó un verdadero drama de huérfanos en la familia de los faisanes. Y ni que hablar de la tragedia de plumas que se armó ese fin de semana cuando salió publicada la receta del foie gras. Los granjeros prepararon el paté con los hígados de todos los gansos, cuyas plumas desde distintas almohadas y edredones, cada tanto se escapan sólo para contar aquel revuelo.
Moraleja: ojo con Lacan y ojo con tirar los diarios a la basura, más de alguien puede morir.

de PALABRAS PARA UN TAMBOR

Algunas aguafuertes de
Palabras para un tambor

Escribir no es sólo estar sentado a tu mesa contigo mismo,
escribir es escuchar el ruido del mundo.”
J-M. G. Le Clézio

Leer los poemas de Miroslav Scheuba
es como asistir a una degustación de palabras.
Son poemas hechos con perfumes y sabores;
poemas hechos con los colores del amor a los libros.
Logró el autor hacerme entrar
en un paisaje desconocido del cual poco a poco
me fui haciendo parte.
Un tambor de homenajes a los grandes maestros
suena a fiesta de gala en la poesía de Miroslav.

Silvia Montenegro, La Plata, 2010
OLGA OROZCO HA VUELTO
A SER COMIDA Y DEVORADA 
Primero en canoa por el Río Sagrado de la Lengua
y luego, en caravana por el esófago de América,
Olga te cantan y te llevan bajo la protección de los astros.
La gran cuchara se acerca y en la saliva del ahora, envuelta
en verduras a la crema, has regresado a la mesa de este mundo 
donde tu alma pesa menos que una pluma.
Alguien mastica tus palabras y se cumple la profecía,
ceros y números en una olla te calculan,
una grieta en el plato te espera. Es la hora de la comida,
es tiempo de guacamole, no de masticar piedras.
El pan de tus ojos se abre en párpados crocantes
y tu boca se cierra ante un vuelo inesperado:
es el verde pájaro del misterio.
Atrás quedó tu cuerpo abatido por los cubiertos de acero
y una vez más el árbol de tus huesos
se levanta más fuerte que el viento y los pantanos.
Mientras ordenan el sacrificio de otros seres que deben salir por el agua.
se ofrece una carbonada y un poema patibulario.
Hay algo de Dios que no muere debajo de las cenizas lo que
hace crepitar versos nuevos en la posada,
palabras atizadas por el soplo de su propia pimienta.
Quemadas ya fueron la pasión y los secretos. Bajan suaves
las palabras del cielo y entre los tenedores está el alimento.
Mas no todo está diez puntos en los valles de esta mesa,
abundan los granos duros y las miserables migajas,
menos faltan, con sus ridículas partes crudas,
los sumos sacerdotes de la infamia, los que le han robado
a los ojos del fuego su mirada de gula interminable.
¿Cómo no va a ser desconocido este menú salvaje si nosotros
somos los comensales y somos el hambre?
Sí, nosotros somos los huéspedes sin desayuno, sin almuerzo
y queremos comer. Pagaremos con oscuridad y con sombra
la sopa de este silencio.
Olga, ya has sido comida y devorada,
recibe en esta cena la sonrisa y el saludo del abismo.
Cacao y vainilla, papayas y mandarinas perfuman la ceremonia.
Llega el instante más alto del ritual: los talismanes del postre
y la sabiduría atroz del chocolate que ha pasado por la digestión
de toda una historia.
Con una inocente música hecha con semillas de lengua y paladar
ya puedes contemplar con el Sol la marcha de los guerreros,
ya puedes disfrutar con la Luna el desfile de las antorchas.


 MUTIS POR EL FORO

Álvaro Mutis
limpia un vaso de whisky de todos sus malos pensamientos
y apártate del whisky traidor.
Acércate despacio a esa barca
que es una botella de ron Medellín Añejo
y embárcate con ella.
En tu tierra caliente no te olvides del hielo
ni de regresar a tu infancia,
cuando te escondías entre las cañas
y un diablo invisible te soplaba el cuerpo.
Después, llegarían tus mujeres de mirada fija y paso lento,
como los pasos de Ilona,
la que llega con la lluvia.
Indaga en el murmullo tus empresas de ultramar,
tus naufragios,
tus quiebras,
tus parientes,
tus ahogados,
tus derrotas,
tus cobardías,
tus ocultamientos
y tus penas y tribulaciones.
Vuelve al vaso
que todavía es vaso,
y junta la transpiración de tu patria
que se ha hecho licor de café.
Únela con toda la fuerza de tu mente.
Por último,
agrega ese breve ruego
del Espíritu Santo del ron
para que te libre de todos los males
y por los siglos de los siglos en un tren.


DE JUAN RULFO
NADIE HA OLVIDADO LAS FOTOGRAFÍAS
DEL PATIO DE ATRÁS 
Construcciones nativas y supersticiones españolas.
La pared da la cara en un balcón
y el suelo está gastado por el narcotráfico.
En el frente, dos bancos inamovibles, atrevidos y sagrados.
El portón central conduce al otro mundo.
Afuera ha quedado el llano en llamas, patio de atrás de América.
Rejas negras callan las ventanas,
alguien nos mira y no lo vemos.
Nunca hubo tanto silencio. El sol es despiadado.
Plantaciones primitivas y plagas civilizadoras
sobre el árido terreno plantado de maguey.
La planta habla por sus espinas.

Verde, sueño, tequila y una vida suculenta,
mañana será cordel para amarrar la injusticia con la miseria.

El ahora, con muchos brazos, los quiere ver dormidos,
para que no sueñen el mundo que viene.
Hoy florecen los murciélagos.
Montañas de nubes en el cielo
el agave se cultiva para los muertos.
Se duerme lo verde, fermenta el sueño en una tinaja
y el pulque será destilado por los ángeles del infierno.
Una mujer curtida por la luz tiene su boca clausurada.
La tierra piensa, digiere la vida, olvida el amor,
cree en el cielo y espera la lluvia.
Murallas más viejas que las aves rapaces viven de la carroña.
Ruinas y devastaciones evangelizadoras.
Entre los adobes de la pared ondulante un final se esconde.
Los ladrillos dividen el espacio;
de un lado queda el pasado, y del otro, el olvido.
Monumentos de piedra más altos que la envidia
escuchan lo que dice un tiempo que casi no existe.
Cactus o cardones y Dios ausente. El humo, el patio, el basural.
La esquina inamovible en su letrero,
la calle del Correo Mayor, el gentío de siempre, una feria,
dos mujeres, arrodilladas y postergadas, venden chiles.

Una escalera, ropa colgada en el aire caliente.
A la salida de una iglesia
un niño multiplicado en varios niños juega a la guerra.
A la salida de otra iglesia, hay más niños y luego, otra iglesia.
Hacen falta juguetes y sobra una cruz.

Los instrumentos musicales de una banda,
las canciones de una revolución,
un sombrero grande y una guitarra enorme como la muerte.
A la sombra de un álamo, generosas mesas con flores.
Los preparativos de una gran boda local.
Es el casamiento de una modelo con un futbolista.
El pueblo ha dejado de ser un pueblo fantasma,
han vuelto los recuerdos, los bailes, las pistolas y las balas.
Sentado en el suelo
un oscuro habitante inseguro está cansado, ausente.

Tal vez ese hombre ya no se acuerde que fue Pedro Páramo.


A David Rieff, un incunable en el sentido literal del término.
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CÓMO IMPLORAR POR TRES POETAS BRASILEÑOS
Y OTROS MÁS...CON UNA SOLA PLEGARIA 
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Habrá que ser árbol y escribir para la tierra.

Habrá que ser río y leer para el cielo.

Habrá que caminar toda la tarde, como lo hace la esperanza.

Habrá que golpear puerta por puerta, con avidez de más puertas.

Habrá que madrugar pueblo por pueblo, desayunar escuela por escuela, libro por libro, lápiz por lápiz y campana por campana.

Habrá que poner el corazón en la muralla como los hacen los enamorados que se quedan solos en el mundo.
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Habrá que vivir toda la vida, carta por carta, hoja por hoja, palabra por palabra, letra por letra, hasta volver a escuchar que después de esta vida hay otra vida, en una letra, en una palabra y en una hoja.

Habrá que repartir sueños y nubes y habrá que despertar a la lluvia.

Habrá que dejar que el amor se haga pan y que el agua, una vez a la semana, se transforme en vino.

Habrá que dejar que el día otra vez comience con los pájaros y que los niños y los ancianos de las tribus de la selva y de las tribus urbanas digan su Oración Amazónica:



ORACIÓN AMAZÓNICA

¡Oh Señor! Nosotros los indios, los ancianos y los niños de Sudamérica
elevamos a tu corazón esta plegaria:
Aunque Tu no nos veas
nosotros desde la selva te miramos cuando miramos el cielo.
Aunque Tu no nos oigas
nosotros en la cueva te escuchamos en el silencio.
Aunque tu no nos hables
nosotros en medio de la inundación te hablamos con el pensamiento.
Somos los que tenemos muchos nombres,
somos la Xavantes, los que rezamos por las tribus de Brasil,
somos los Caucanos, los que rezamos por las tribus de Colombia,
somo los Yanomamis, los que rezamos por las tribus de Venezuela,
y también somos los niños y los ancianos
los que estamos rezamos por todas las tribus urbanas.
Aunque otros nos pongan piedras en el camino,
hemos encontrado con la oración un camino para agradecer.
Gracias Señor por las lianas de la Fe
aunque otros sin avisarnos nos pongas lianas electrificadas.
Gracias Señor por los ríos de la esperanza,
ríos que cada día están más contaminados.
Gracias Señor por los árboles de la paciencia
aunque por otros sean talados e incendiados.
Gracias Señor por el aire que respiramos
aunque a veces es más humo que aire, igualmente lo compartimos
como compartimos el agua y el pan. Y gracias Señor
por habernos enseñado a rezar por los otros y por nosotros
y por nuestro Amazonas digno de alabanza y digno de perdón.


JOSÉ MARTÍ, UN CAFÉ LITERARIO
DONDE SE TOMA EL CAFÉ DEL EXILIO 

Entonces tomarás el café del exilio, te servirán un café lleno de palabras, pero sin nada de patria.

Este café no viene solo, te lo servirán con algunas confituras alternativas: vivir y luchar o dejar de vivir y de luchar, disyuntiva que te hará pensar, mientras el café se abre y se enfría. Junto al café te servirán un pequeño vaso con el agua fresca de la frontera, la que calma tu destierro.

Así también, te ofrecerán café con la crema de la crema de todos los errores pasados. Quedan a tu disposición los miserables equipajes donde llevas consigo tu pueblo, tu ciudad, tu país y toda tu vida.


El tibio café del exilio con sabor a miedo y soledad está cargado de sombras, persecuciones y melancolías que se hunden agarradas de los garfios de las embestidas y los zarpazos.

Puedes agregarle la piel de un limón o de una naranja, el ron que quieras, pero no te hagas preguntas que sólo pueden responder el mar o las montañas.

El café en cada lugar tendrán un licor distinto para emborrachar la sombra de tu cuerpo y de tu alma. Manos expertas en el engaño intentarán con mil recetas que caigas en la trampa del olvido.

¿Qué refugiado no almorzó sólo un café con leche y a la noche cenó sólo pan y manteca y otro café con leche?

Hay quienes recolectan cualquier tipo de semilla y la someten a un proceso de tostado y luego, la muelen para servir la falsedad de este mundo en un pocillo de cafetería. Algo similar al falso café, suele pasar con la literatura y con muchas otras cosas que nos da la vida.

Café con filosofía, lo que te quema del destierro; café con nostalgia, lo que te liquida del exilio, así te lo sirvan en bandeja, en tazas de porcelana de Sèvres y con cucharita de plata.

El verdadero café te habla en tu casa, en el bar o en el café cerca de tu casa. Es el que te extraña cuando te ausentas y su aroma va contigo en tu memoria. Café sin preguntas, por más que no te hayas despedido. Desde tu casa, el café seguirá en tu corazón desmantelado, se quedará sufriendo tu hambre y tu frío. Si estás vivo no se termina, se termina si estás muerto. Pasan meses de café, años de café, hasta que un día el café te da por desaparecido. En ese instante y lejos de tu tierra, tu paisaje es un paisaje que se muere en el campo de exterminio, en una mina de cal abandonada, en la fosa común, en el terreno baldío donde pululan los chillidos, en pantanos infectados de cómplices y silencios, en madrigueras bajo la demolición de la muerte o en la morgue de los acantilados donde los muertos se llaman N. N.

Poeta, ese es tu café, el que en lugar de llorar te hace fuerte cuando te destruyen y todo se derrumba.

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A Manuel Ruano Miranda que conoció el amargo sabor del café del exilio.

 ALEJANDRA PIZARNIK
Y LA VISIÓN DEL MUNDO DESDE UNA ALCANTARILLA

Alejandra Pizarnik no tiene por qué pedir perdón por haber vivido en Alejandra Pizarnik. Tampoco por lo que bebe la Condesa sangrienta con sus tímidas y educadas manos asesinas o por el tercer ojo o por ser una de las mujeres sabias de Molière, la que no se ha quedado ciega. Alejandra deambula por las tuberías del subsuelo y se aprende los recodos de los desagües. Sabe cuales son las rejillas que discriminan las urgencias y los asombros. Cuales deben correr o cuales merecen la quietud de las aguas servidas de la bohemia.

Se alegra de los aguaceros que limpian y purgan las mentiras y las ausencias en caños y cañerías que van a desembocar en las consecuencias de los recuerdos que en la noche subterránea se pliega a las canciones de los grillos y a las peleas de las sombras dibujadas como sombras chinas en la turbulencia y la melancolía. Una fauna de roedores toma posesión de los perfumes del desprecio, de las carcajadas del odio y los castigos que corren debajo de la ciudad, donde las hojas del Otoño y los borradores destruidos se amontonan y se atragantan con la lluvia. El alma propia en carne ajena navega hasta que se ahoga cada vez que la castigada ciudad se inunda de dolor.

El Más Allá del otro mundo está disimuladamente cerca, va por debajo de calles y avenidas. Arriba, en los jardines que se han trastornados con el viento, en los solitarios bancos de una plaza que han perdido la razón, en los faroles del silencio, la poesía es una amiga cotidiana. Hojas de diarios se han vuelto gorriones que discuten y cantan y se multiplican con las palabras. De nada sirve que los árboles escriban o que muestren sus raíces. Es inútil el placer en la miseria.

El amor hace propaganda, se ríe del engaño y de las equivocaciones de Cupido. Una joven enferma se ha curado con el poder de varias obras de teatro que juegan con el infinito. Ya no es una mendiga sanguinaria, ahora es noble y es nueva. Es digna, majestuosa y solitaria y está vestida con el miedo del ser humano. Es Tartufo y entra en las panaderías, compra y no paga. En el mercado, cuando no interpreta a una de las Preciosas ridículas, elige las mejores frutas que su boca aprueba o rechaza; sueño cumplido de todo misántropo.

Para dormir entra en los conventos con la plena seguridad de ser virgen o de ser santa. Como tantas otras, también puede ser Liseta, la doncella de Leonor en La Escuela de los Maridos. Para tener un alto almuerzo en un alto restaurante, primero entra por teléfono, hace la reserva y luego, saborea los mejores platos bajo el nombre de Georgette de La Escuela de las Mujeres. Elige la mejor peluquería, los llama y les lleva su cabellera. Dice ser Elisa, hija de Arpagón y amante de Valerio de El Avaro. Harta de parches y remiendos, avanza en alguna casa de Alta Ternura y ordena las prendas que requiere su desamor y se las lleva dejando una dirección falsa. Al fin y al cabo, es Madame Jourdain, la de El burgués gentilhombre, título que pronuncia con la lengua de la Alta Costura: Le Bourgeois Gentilhomme. Para desayunar va muy temprano a los hospitales a interpretar a Toinette, la criada de Argan de El enfermo imaginario. 
 El doctor que la atiende, como remedio le ha inventado un ropaje blanco; la ha vestido de fantasma. La policía está a la espera, ya ha preparado el pianito para las huellas digitales y las esposas. El juez que ha ordenado su captura, tiene a mano el expediente y los códigos del escándalo. Monedas de vil metal brillan en los ojos de quienes ejercen la prensa amarilla y están al acecho. Ahí viene Alejandra caminando por el medio de la avenida. Los fotógrafos se esconden y dejan que avance un poco más. De pronto se ha detenido, con una cuña de metal abre una tapa de hierro y se les escapa; ya ha expiado su culpa de ser poeta. Ahora que no duerme ni pide perdón, desde la alcantarilla, Alejandra Pizarnik ya puede tener una visión del mundo.


 HACE TIEMPO QUE EL SEÑOR OLIVERIO GIRONDO
SÓLO SE ALIMENTA DE FLORES
Hace tiempo que el señor Oliverio Girondo sólo se alimenta de flores. Las prefiere de colores diversos, menos las de color amarillo, color que le cae mal al hígado.

El señor Girondo sólo bebe agua energizada, la que el mismo prepara según su mágica costumbre:

Agua energizada, rito y consagración: En una noche estrellada y sin luna, ofrecer al cielo una fuente con agua de lluvia. Dejar caer en la fuente una piedra limpia y una herradura más limpia todavía. Antes del alba y en el momento de guardar el agua, rezar la Plegaria de la Energía:
 
Plegaria de la Energía


El agua que voy a guardar
y que tomaré de la mano de la sed,
antes de ser bebida, que primero tome la sed del Universo.
Agua de uno hecha para la sed de todos,
agua gracias a las leyes naturales de la física,
de la química y de la Perfecta Simetría:

Leyes de la Perfecta Simetría

Nuestro Universo es posible porque es visible
y somos el reflejo de un espejo, es el otro Universo,
el que no es imposible y a la vez, invisible.
¿En cuál de los dos estaremos?
Por ahora sólo sabemos que a la luz de una molécula de agua,
hay otra simétricamente igual escondida
en la negra sombra que está detrás del espejo.
Por la Perfecta Simetría todas las cosas del mundo
son reflejadas infinitamente,
y lo infinito,
por las mismas Leyes de la Simetría Perfecta, es eterno.
 
Hace tiempo que el señor Oliverio Girondo sólo vive de su eterno descanso, aunque todo el tiempo no dejan de ofrecerle otras reencarnaciones y resurrecciones que son rechazadas por el señor Girondo con la cortesía de un odontólogo.

El escritor Oliverio Girondo ya no está para redactar las esperanzas efímeras de esa literatura fantástica que vienen a ser los horóscopos; superchería de ocasión.


El anfitrión Oliverio Girando tampoco desea ejercer su profesión de amigo de todos los escritores, tarea que le ha encargado a su esposa, a la hermana de su esposa y a la esposa de su hermano, que él no quiere llamar cuñada sino Gloria. El filántropo Oliverio Girando ha donado la seriedad de sus títeres y tampoco quiere enredos con marionetas y menos aún, solventar funciones con el tema del Eterno Retorno. Para que otros comprendan su metáfora, el ha mandado a confeccionar un espantapájaros de dimensiones desconocidas en el campo y en la ciudad. Hace tiempo que el señor Oliverio Girondo sólo duerme en cátedras, academias, congresos y sociedades de escritores. En esos ámbitos, propicios para manzanas, gusanos y mariposas, el señor Girondo no sueña. Para soñar despierto, el paciente Oliverio Girondo tiene el teatro.

Ya está en el escenario, ya se han prendido las luces seguidoras. Es Oliverio y también, es un marinero en “La Tempestad”. Pronto será un sirviente en “Los dos hidalgos de Verona”; paje en “Las alegres comadres de Windsor”; ciudadano en “Medida por medida”; cortesano en “La comedia de los errores”; mensajero en “Muchos ruido y pocas nueces”; carpintero en “Sueños de una noche de verano”; oficial de justicia en “El mercader de Venecia”; pastor de ovejas en “Como gustéis”; huésped en “La fierecilla domada”; labriego y patán en “Los cuentos de invierno”; Felipe el bastardo en “Rey Juan”; Lord Berkeley en “Ricardo II”; Conde de Oxford en “Ricardo III”; Duque de Buckingham en “Enrique VIII”; Escalus, príncipe de Verona en “Romeo y Julieta”; será Angus en “Macbeth” y será Marco Bruto en “Julio César”. Será Polonio para dar consejos y no Laertes que los recibe en Hamlet”. Después de muchos rostros, el paciente Girondo u Oliverio Homo Ludens, conseguirá protagonizar “Otelo” y será el Moro de Venecia. Su señora, Norah Lange, esta muy asustada.

El señor Oliverio últimamente se está alimentando sólo de las flores que hay en las obras de William Shakespeare, a quien llama respetuosamente Willy. Después de cada función, sale a comer rosas, violetas, prímulas, narcisos, caléndulas, lirios, etc. Al señor Oliverio Girondo todas las flores de Shakespeare le vienen bien, inclusive las del abominable color amarillo.

AMELIA BIAGIONI CANTA PRIMAVERA 
PAMPA, ALJIBE Y PRIMAVERA

Amelia Biagioni canta consagración, pampa, aljibe y primavera. Canta mangrullo, molino quieto en las alturas, estandarte, torre y escalera hacia el ayer.

Por favor, baja del coraje, suspende todo temor. Sólo para tu boca el ángel se hizo agua. Mueve la roldada y con la cadena del aljibe canta el balde, llanura cielo y zorzal.

Vuelve al tiempo hecho materia y sube del árbol al perfume, donde está la montaña, el verano y el laurel que también fue tu corona y condimento. Ya estás en la sombra del caldén o ñandubay, algo se mueve entre las ramas, no es el amor. Ojos, sigilo, son las rallas del tigre. Imprevisible, estás en pradera, espacio de flora, umbral de lluvia, camino de fauna.

No le temas al río, ya eres el río.

Un oscuro pescador te puede esperar con su caña. También te puede apuntar una cazadora que podría tener tu cara, tus ojos y tu alma.

Un cochero te puede ofrecer una historia de repúblicas que se hunden en el fango. Suelta la hora, nunca será tarde para encender faroles con un palo, decir la hora y anunciar el tiempo.
Por el empedrado hacia la plaza, repican los cascos y las ruedas, sedientas y vacilantes, se bambolean buscando el final de una calle larga donde está el poema de la patria. En el carro del lechero hay litros de sueño blanco.¿De qué te puede hablar el baqueano contigo? ¿De los atajos de los cenáculos? ¿De las trampas de la fama? ¿Y el domador? ¿Del miedo vencido? ¿De la mala suerte? ¿Del jinete con el corazón en la boca?Vamos…que ni aparezca el guitarrero que te quiera medir los versos escritos en un poncho tejido con la trama de la vida, bandera en la canción, abrazo y cordillera. En cada hebra de lana hay un suspiro para el frío, la soledad y la esperanza.

Las Amelias y las Magnolias decidieron quedarse, a pesar de las sequías, de los infiernos, de las plagas, de las inundaciones, de los fraudes, las indiferencias y los límites alambrados de ilusiones.

Querida, aquí está el aguatero con el jugo del cielo para tu mirada pura y fresca. Aquí está el rastreador que ha dado contigo cuando estabas perdida. Tenías razón, no era el Aqueronte, era el Río de la Plata.

Nadie te va a mostrar lo que ha quedado de la comarca, los galpones están llenos de incertidumbres y los cuatreros ya no trafican ganado ajeno porque han descendido a los sepulcros.

Hagamos un alto en la vasija y entremos en la pulpería: balanza, payador, cueros, porrones de ginebra y una guitarra que se renueva con las más antiguas preguntas.
Ya lo sabes, oirás lo que nadie oye y volverás al desconsuelo cantando bajito detrás del sueño largo de América del Sur. Con la voz en la pluma no abandonarás la celebración del encuentro donde se maneja sobre el fuego el agua que no debe hervir. Volverás a oír que unas manos juntan el agua caliente con un todo de yerba mate y una callada amistad.

Ya están ordenados tus libros en ambrosía y manjar del cielo, poeta con vocación de crepúsculo para abarcar el mundo en un solo silencio: el que permite cantar el verde perfume del pasto recién cortado o el olor del volcán en la ceniza.

Porque imaginabas el Diluvio, en tu nombre se ha puesto a llover para sigas esperando en las cacerías, en la llave, en el humo.

Pasarán los años y tu perfil será medalla, tendrás la luna en otras manos y tu pelo será jazmín.

Sos la que duele, la que calma, la que sana; manzanilla, lavanda y menta. Menta tranquila y provinciana que ama y que perfuma.

Verde Amelia, conocida y desconocida, como Dios y la muerte.

ENTRE ORACIONES Y CAMPANAS
NICOLÁS GUILLÉN VA EN PROCESIÓN 
 
Cansado de la rumba, el moreno José que ya no canta, avanza como puede entre los peregrinos y sigue empujando el humo dulce de su barco manisero.

Se mueve la cofradía de la fragua, el conventillo de los clavos y los hermanos de la madera. Desfilan las floristas con sus baldes, las peluqueras de provincia con sus tijeras y las capitalinas doncellas del jabón con delantal y con espuma. El sepulturero se desplaza como uno más, sin la vanidad de los panteones que conocen la pompa de los funerales, que saben del desamparo, del desconsuelo y del olvido posterior.

Un caudal de profesores y maestros se despliega con sus premisas, mapamundis, tiza, pizarrón y la gramática de la historia al compás de un redoble de tambores. Las solteronas mueven sus piernas a su merced, más el dictamen de sus medias impecables. Matronas y parteras del perjurio entran en la ronda pregonando pecados y hablando de precios y no lejos de ellas, con magia, oraciones, hierbas y remedios, van los secretos de las curanderas.

Saludan a los vecinos los panaderos del alba, los barrenderos de la mañana, los carniceros del mediodía, los zapateros de la tarde y los cantineros de la noche. Se acrecienta el tumulto con herreros y vidrieros que saben de puertas y ventanas en penitencia. Deambulan los comedidos de siempre, los vendedores ambulantes y los albañiles que discuten las doctrinas y las canciones universales junto a los deudores de los príncipes de la usura.

Calladas acuden las planchadoras con cautela y las dueñas de la sacristía que visten santos, pero que no se juntan con vagabundos, pordioseros de oficio y mendigos de profesión. También dicen presente las silenciosas enfermeras que ejercen los primeros auxilios para el alma. Circula la diligencia con los carteros y los poetas; ahí van los Martín, los Roldán, los Guillén.

No pueden estar ausentes las damas de la noche, las que tienen potestad para ser sinceras, aunque después engendren hijos para el insulto.

Todavía faltan los inválidos, los mestizos casi muertos que vienen encadenados desde los asilos, el regimiento de los mutilados y el batallón de los desnutridos que portan un estandarte hechos con piel humana. Queda rezagada una muchedumbre de impedidos que no les importa la vergüenza. Aún falta que pase la costurera que se sacó el pan de la boca para poder hacer la bandera de la patria. Es la negra María, la que ha vestido a la virgen y ha vestido a las novias y después a sus hijos. Es la que sigue viuda, la que sigue pobre y sigue rezando el Padrenuestro con vieja su máquina de coser.


 NERUDA SE PONE A COCINAR
Aquí en el sur de nuestro voluptuoso continente, donde aprendió abrir los libros y las ostras, Neruda prepara Curanto, comida ancestral. Mapuches cavan en el negro suelo un pozo de trueno que tapizan con piedras volcánicas ardientes para que reciban los frutos del mar y de la tierra.

Todo se cocina durante la noche hambrienta hasta que canta el gallo, el sol se ríe y se destapa el oceánico manjar que alcanzará para todos los poetas de Chile empezando por Pablo de Rokha y terminando por los Parra.

Neruda hecho un cóndor, cruza una vez más la cordillera. Llega a la pampa y vuelve a ser Neruda, en lugar de Caldillo de congrio, se propone una Carbonada. Entonces, la dibuja y sus manos juegan a los dados con papas, zanahorias y zapallos. Corta los mosaicos de carne vacuna y oligárquica. Su olfato pide hierbas; sus ojos, la cebolla. Un alambre lírico sostiene la olla sobre el ojo del fuego. El viento pampero va y viene con las décimas de Fierro que pasan por una guitarra. El poeta vuela. El gran pájaro vuela y sigue. Al otro lado del río de la Plata, quiere Chivitos uruguayos y se encuentra en la ribera con sus comensales. Sabat Escarty ya es un sueño de libros y canciones universitarias.

Pablo sube los ríos y sube por la historia. En Asunción ha de comulgar Sopa paraguaya bendecida, lo hará en el mismo plato cotidiano que Roa Bastos usó para masticar “Yo el Supremo”.

El Chaco impenetrable lo camina, pasa por sus vísceras, lo transporta y lo lanza a Santa Cruz de la Sierra, donde prueba el Majau de pato que por el arroz le evoca una paella. La máquina de los días y las noches lo lleva hasta Oruro, su boca recibe la Quínoa, alimento incaico. En Oruro participa de una diablada y viaja a Iquique con sus máscaras y sus plumas. Se acuesta en la arena. En el puerto se sube a un barco de carga donde consigue un camarote. Entre las cortinas de la niebla, aparece en El Callao. Alguien canta a Chabuca y lo despierta. Se alimenta con Ají de gallina y hace el amor y vija. Busca en las mesas de Guayaquil el Ceviche postergado en Lima. Entra en estado de “Huasipungo”.


Se gana un viaje a Bogotá, allí donde todos escriben. Una modesta familia colombiana lo reconoce y lo invita a su casa. En la mesa sencilla le ofrecen Bandeja Paisa y Arepas. El poeta delira.

Después llega a Panamá y sólo hay comida imperialista. Le cuesta conseguir Tamales. Entonces, huye. En Costa Rica lo celebran con un Arroz a la Tico, donde el pollo está perfumado con todas las hierbas del Paraíso. En El Salvador un mago cocinero le enseña la magia de las Pupusas y los secretos del comal. En Haití, estudia el Chictay y toma el poder en una sartén con arenques, echadotes y chiles. Brinda con ron Barbancourt, lee “Bon Dieu rit” de Edris Saint-Amand y se escapa del vudú.

Para sobremorir el poeta descansa otra vez como marinero. Navega y avanza. Llega a Santo Domingo, cena y regala la apología de ese puré de plátanos que es el Mangú. En Managua, aprende la confección de Nacatamales y después de varios almuerzos, llega a Honduras y devora enamorado las Montucas. Los granos pisados de los elotes en su memoria son las Humitas. Escribe la Oda al achiote (que es casi la misma Oda a la chiltoma con algunas variantes gramáticas y políticas).



En Guatemala lo espera Miguel Ángel Asturias que le enseñará a cocinar Gallo en chicha. Comen, beben, insultan y cantan. En México es homenajeado por Alfonso Reyes con Guajolote en mole poblano. Comienzan a brindar por amigos y enemigos comunes. A los postres ya está hablando en francés y ha pensado en siete mujeres, en seis libros, en dos o tres religiones y en un solo partido político. Como el fantasma de Trotsky lo persigue, se enoja y se toma el avión. Por una invitación oficial de los venezolanos, llega a Caracas para defender un Pabellón criollo y sus correspondientes Arepas. Paga las atenciones recibidas con eso que los franceses llaman “pierrade”. Es decir, se pone a cocinar sobre una piedra muy caliente los alimentos de un cántico: Poema Infinito. Este canto, de una forma alarmante, se parece a Piedra Infinita del mendocino Jorge Enrique Ramponi.

En Brasil, luego de varios días de ayuno, de baños de mar y de estrellas, le entrega su estómago a una Feijoada digna de Jorge Amado. En San Salvador de Bahía de Todos los Santos, los hechiceros lo limpian y lo sanan.

Viaja a La Habana y lo invitan con Moros y cristianos. Recibe un llamado de José Martí y por fin, regresa al cielo verde donde el único alimento es el maná.



VICENTE HUIDOBRO EL QUE VA
EN UN BEEFTEAK A LO POBRE


Vicente Huidobro el que va en un beefsteak a lo pobre, plato vencedor de la muerte. Detrás viene el caldo en la sopera y cucharón en mano, el cocinero.


Estamos en la sacristía de la cocina. Somos parte de los diezmos, de las tocatas, de las fugas, de la amistad de servilletas con manteles y del trabajo de infernales hornallas y campanas con humo y chimenea.

Las especias, como jazmines en el aire y la rosa de los vientos, saludan con respiraciones de ollas y marmitas de barro. Es América morena la que se alimenta del poeta visionario de las luciérnagas del bosque, de las papas nocturnas y de los amanecidos frutos del mar que servirán de aperitivo.

Una pluma vicentina embebida en los vinos del Huidobro canta el aria de la cebolla dorada en manteca que acompañará al nido de papas fritas. En el plato refulge la emoción del ajo y la sonrisa del perejil esparcido sobre el bife que mira a través de los ojos de los huevos fritos.

Comensal de la inteligencia, nunca dejes de ser una rara tristeza afinada por la chaira de la ironía. ¿Hay algo más vivo que un canasto para salir a comprar nuestras letras curtidas con sal de lápidas y herrumbres de amarguras?

Tuya es la lengua que ya no prueba ranas ni caracoles, sólo bifes a lo pobre. Tuyo, el negro paladar que saborea epitafios y aforismos. Es la hora de tu digestión y es tu pueblo el que te almuerza.


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