Algunas
aguafuertes de
Palabras
para un tambor
“Escribir
no es sólo estar sentado a tu mesa contigo mismo,
escribir
es escuchar el ruido del mundo.”
J-M.
G. Le Clézio
Leer
los poemas de Miroslav Scheuba
es
como asistir a una degustación de palabras.
Son
poemas hechos con perfumes y sabores;
poemas
hechos con los colores del amor a los libros.
Logró
el autor hacerme entrar
en
un paisaje desconocido del cual poco a poco
me
fui haciendo parte.
Un
tambor de homenajes a los grandes maestros
suena
a fiesta de gala en la poesía de Miroslav.
Silvia
Montenegro, La Plata, 2010
OLGA OROZCO HA VUELTO
A SER COMIDA Y DEVORADA
Primero
en canoa por el Río Sagrado de la Lengua
y
luego, en caravana por el esófago de América,
Olga
te cantan y te llevan bajo la protección de los astros.
La
gran cuchara se acerca y en la saliva del ahora, envuelta
en
verduras a la crema, has regresado a la mesa de este mundo
donde tu alma pesa menos que una pluma.
Alguien
mastica tus palabras y se cumple la profecía,
ceros
y números en una olla te calculan,
una
grieta en el plato te espera. Es la hora de la comida,
es
tiempo de guacamole, no de masticar piedras.
El
pan de tus ojos se abre en párpados crocantes
y
tu boca se cierra ante un vuelo inesperado:
es
el verde pájaro del misterio.
Atrás
quedó tu cuerpo abatido por los cubiertos de acero
y
una vez más el árbol de tus huesos
se
levanta más fuerte que el viento y los pantanos.
Mientras
ordenan el sacrificio de otros seres que deben salir por el agua.
se
ofrece una carbonada y un poema patibulario.
Hay
algo de Dios que no muere debajo de las cenizas lo que
hace
crepitar versos nuevos en la posada,
palabras
atizadas por el soplo de su propia pimienta.
Quemadas
ya fueron la pasión y los secretos. Bajan suaves
las
palabras del cielo y entre los tenedores está el alimento.
Mas
no todo está diez puntos en los valles de esta mesa,
abundan
los granos duros y las miserables migajas,
menos
faltan, con sus ridículas partes crudas,
los
sumos sacerdotes de la infamia, los que le han robado
a
los ojos del fuego su mirada de gula interminable.
¿Cómo
no va a ser desconocido este menú salvaje si nosotros
somos
los comensales y somos el hambre?
Sí,
nosotros somos los huéspedes sin desayuno, sin almuerzo
y
queremos comer. Pagaremos con oscuridad y con sombra
la
sopa de este silencio.
Olga,
ya has sido comida y
devorada,
recibe
en esta cena la sonrisa y el saludo del abismo.
Cacao
y vainilla, papayas y mandarinas perfuman la ceremonia.
Llega
el instante más alto del ritual: los talismanes del postre
y
la sabiduría atroz del chocolate que ha pasado por la digestión
de
toda una historia.
Con
una inocente música hecha con semillas de lengua y paladar
ya
puedes contemplar con el Sol la marcha de los guerreros,
ya
puedes disfrutar con la Luna el desfile de las antorchas.
MUTIS POR EL FORO
Álvaro
Mutis
limpia
un vaso de whisky de todos sus malos pensamientos
y
apártate del whisky traidor.
Acércate
despacio a esa barca
que es una botella de ron Medellín Añejo
que es una botella de ron Medellín Añejo
y
embárcate con ella.
En
tu tierra caliente no te olvides del hielo
ni de regresar a tu infancia,
ni de regresar a tu infancia,
cuando
te escondías entre las cañas
y un diablo invisible te soplaba el cuerpo.
Después, llegarían tus mujeres de mirada fija y paso lento,
como los pasos de Ilona,
y un diablo invisible te soplaba el cuerpo.
Después, llegarían tus mujeres de mirada fija y paso lento,
como los pasos de Ilona,
la
que llega con la lluvia.
Indaga
en el murmullo tus empresas de ultramar,
tus
naufragios,
tus
quiebras,
tus
parientes,
tus
ahogados,
tus
derrotas,
tus
cobardías,
tus
ocultamientos
y
tus penas y tribulaciones.
Vuelve
al vaso
que
todavía es vaso,
y
junta la transpiración de tu patria
que
se ha hecho licor de café.
Únela
con toda la fuerza de tu mente.
Por
último,
agrega
ese breve ruego
del
Espíritu Santo del ron
para
que te libre de todos los males
y
por los siglos de los siglos en un tren.
DE JUAN RULFO
NADIE HA OLVIDADO LAS FOTOGRAFÍAS
DEL PATIO DE ATRÁS
Construcciones
nativas y supersticiones españolas.
La
pared da la cara en un balcón
y
el suelo está gastado por el narcotráfico.
En
el frente, dos bancos inamovibles, atrevidos y sagrados.
El
portón central conduce al otro mundo.
Afuera
ha quedado el llano en llamas, patio de atrás de
América.
Rejas
negras callan las ventanas,
alguien
nos mira y no lo vemos.
Nunca
hubo tanto silencio. El sol es despiadado.
Plantaciones
primitivas y plagas civilizadoras
sobre
el árido terreno plantado de maguey.
La
planta habla por sus espinas.
Verde,
sueño, tequila y una vida suculenta,
mañana
será cordel para amarrar la injusticia con la miseria.
El
ahora, con muchos brazos, los quiere ver dormidos,
para
que no sueñen el mundo que viene.
Hoy
florecen los murciélagos.
Montañas
de nubes en el cielo
el
agave se cultiva para los muertos.
Se
duerme lo verde, fermenta el sueño en una tinaja
y
el pulque será destilado por los ángeles del infierno.
Una
mujer curtida por la luz tiene su boca clausurada.
La
tierra piensa, digiere la vida, olvida el amor,
cree
en el cielo y espera la lluvia.
Murallas
más viejas que las aves rapaces viven de la carroña.
Ruinas
y devastaciones evangelizadoras.
Entre
los adobes de la pared ondulante un final se esconde.
Los
ladrillos dividen el espacio;
de
un lado queda el pasado, y del otro, el olvido.
Monumentos
de piedra más altos que la envidia
escuchan
lo que dice un tiempo que casi no existe.
Cactus
o cardones y Dios ausente. El humo, el patio, el basural.
La
esquina inamovible en su letrero,
la
calle del Correo Mayor, el gentío de siempre, una feria,
dos
mujeres, arrodilladas y postergadas, venden chiles.
Una
escalera, ropa colgada en el aire caliente.
A
la salida de una iglesia
un
niño multiplicado en varios niños juega a la guerra.
A
la salida de otra iglesia, hay más niños y luego, otra iglesia.
Hacen
falta juguetes y sobra una cruz.
Los
instrumentos musicales de una banda,
las
canciones de una revolución,
un
sombrero grande y una guitarra enorme como la muerte.
A
la sombra de un álamo, generosas mesas con flores.
Los
preparativos de una gran boda local.
Es
el casamiento de una modelo con un futbolista.
El
pueblo ha dejado de ser un pueblo fantasma,
han
vuelto los recuerdos, los bailes, las pistolas y las balas.
Sentado
en el suelo
un
oscuro habitante inseguro está cansado, ausente.
Tal
vez ese hombre ya no se acuerde que fue Pedro Páramo.
A
David Rieff, un incunable en el sentido literal del término.
.
.
.
.
CÓMO IMPLORAR POR TRES POETAS BRASILEÑOS
Y OTROS MÁS...CON UNA SOLA PLEGARIA
.
Habrá que ser árbol y escribir para la tierra.
Habrá que ser árbol y escribir para la tierra.
Habrá
que ser río y leer para el cielo.
Habrá
que caminar toda la tarde, como lo hace la esperanza.
Habrá
que golpear puerta por puerta, con avidez de más puertas.
Habrá
que madrugar pueblo por pueblo, desayunar escuela por escuela, libro
por libro, lápiz por lápiz y campana por campana.
Habrá
que poner el corazón en la muralla como los hacen los enamorados que
se quedan solos en el mundo.
.
Habrá
que vivir toda la vida, carta por carta, hoja por hoja, palabra por
palabra, letra por letra, hasta volver a escuchar que después de
esta vida hay otra vida, en una letra, en una palabra y en una hoja..
Habrá
que repartir sueños y nubes y habrá que despertar a la lluvia.
Habrá
que dejar que el amor se haga pan y que el agua, una vez a la semana,
se transforme en vino.
Habrá
que dejar que el día otra vez comience con los pájaros y que los
niños y los ancianos de las tribus de la selva y de las tribus
urbanas digan su Oración
Amazónica:
ORACIÓN AMAZÓNICA
¡Oh
Señor! Nosotros los indios, los ancianos y los niños de Sudamérica
elevamos
a tu corazón esta plegaria:
Aunque
Tu no nos veas
nosotros
desde la selva te miramos cuando miramos el cielo.
Aunque
Tu no nos oigas
nosotros
en la cueva te escuchamos en el silencio.
Aunque
tu no nos hables
nosotros
en medio de la inundación te hablamos con el pensamiento.
Somos
los que tenemos muchos nombres,
somos
la Xavantes, los que rezamos por las tribus de Brasil,
somos
los Caucanos, los que rezamos por las tribus de Colombia,
somo
los Yanomamis, los que rezamos por las tribus de Venezuela,
y
también somos los niños y los ancianos
los
que estamos rezamos por todas las tribus urbanas.
Aunque
otros nos pongan piedras en el camino,
hemos
encontrado con la oración un camino para agradecer.
Gracias
Señor por las lianas de la Fe
aunque
otros sin avisarnos nos pongas lianas electrificadas.
Gracias
Señor por los ríos de la esperanza,
ríos
que cada día están más contaminados.
Gracias
Señor por los árboles de la paciencia
aunque
por otros sean talados e incendiados.
Gracias
Señor por el aire que respiramos
aunque
a veces es más humo que aire, igualmente lo compartimos
como
compartimos el agua y el pan. Y gracias Señor
por
habernos enseñado a rezar por los otros y por nosotros
y
por nuestro Amazonas digno de alabanza y digno de perdón.
JOSÉ MARTÍ, UN CAFÉ LITERARIO
DONDE SE TOMA EL CAFÉ DEL EXILIO
Entonces
tomarás el café del exilio, te servirán un café lleno de
palabras, pero sin nada de patria.
Este
café no viene solo, te lo servirán con algunas confituras
alternativas: vivir y luchar o dejar de vivir y de luchar, disyuntiva
que te hará pensar, mientras el café se abre y se enfría. Junto al
café te servirán un pequeño vaso con el agua fresca de la
frontera, la que calma tu destierro.
Así
también, te ofrecerán café con la crema de la crema de todos los
errores pasados. Quedan a tu disposición los miserables equipajes
donde llevas consigo tu pueblo, tu ciudad, tu país y toda tu vida.
El
tibio café del exilio con sabor a miedo y soledad está cargado de
sombras, persecuciones y melancolías que se hunden agarradas de los
garfios de las embestidas y los zarpazos.
Puedes
agregarle la piel de un limón o de una naranja, el ron que quieras,
pero no te hagas preguntas que sólo pueden responder el mar o las
montañas.
El
café en cada lugar tendrán un licor distinto para emborrachar la
sombra de tu cuerpo y de tu alma. Manos expertas en el engaño
intentarán con mil recetas que caigas en la trampa del olvido.
¿Qué
refugiado no almorzó sólo un café con leche y a la noche cenó
sólo pan y manteca y otro café con leche?
Hay
quienes recolectan cualquier tipo de semilla y la someten a un
proceso de tostado y luego, la muelen para servir la falsedad de este
mundo en un pocillo de cafetería. Algo similar al falso café, suele
pasar con la literatura y con muchas otras cosas que nos da la vida.
Café
con filosofía, lo que te quema del destierro; café con nostalgia,
lo que te liquida del exilio, así te lo sirvan en bandeja, en tazas
de porcelana de Sèvres y con cucharita de plata.
El
verdadero café te habla en tu casa, en el bar o en el café cerca de
tu casa. Es el que te extraña cuando te ausentas y su aroma va
contigo en tu memoria. Café sin preguntas, por más que no te hayas
despedido. Desde tu casa, el café seguirá en tu corazón
desmantelado, se quedará sufriendo tu hambre y tu frío. Si estás
vivo no se termina, se termina si estás muerto. Pasan meses de café,
años de café, hasta que un día el café te da por desaparecido.
En ese instante y lejos de tu tierra, tu paisaje es un paisaje que
se muere en el campo de exterminio, en una mina de cal abandonada, en
la fosa común, en el terreno baldío donde pululan los chillidos,
en pantanos infectados de cómplices y silencios, en madrigueras
bajo la demolición de la muerte o en la morgue de los acantilados
donde los muertos se llaman N. N.
Poeta,
ese es tu café, el que en lugar de llorar te hace fuerte cuando te
destruyen y todo se derrumba.
.
A
Manuel Ruano Miranda que conoció el amargo sabor del café del
exilio.
ALEJANDRA PIZARNIK
Y LA VISIÓN DEL MUNDO DESDE UNA ALCANTARILLA
Alejandra
Pizarnik no tiene por qué pedir perdón por haber vivido en
Alejandra Pizarnik. Tampoco por lo que bebe la Condesa
sangrienta
con sus tímidas y educadas manos asesinas o por el tercer ojo o por
ser una de las
mujeres sabias
de Molière, la que no se ha quedado ciega. Alejandra deambula por
las tuberías del subsuelo y se aprende los recodos de los desagües.
Sabe cuales son las rejillas que discriminan las urgencias y los
asombros. Cuales deben correr o cuales merecen la quietud de las
aguas servidas de la bohemia.
Se
alegra de los aguaceros que limpian y purgan las mentiras y las
ausencias en caños y cañerías que van a desembocar en las
consecuencias de los recuerdos que en la noche subterránea se pliega
a las canciones de los grillos y a las peleas de las sombras
dibujadas como sombras chinas en la turbulencia y la melancolía. Una
fauna de roedores toma posesión de los perfumes del desprecio, de
las carcajadas del odio y los castigos que corren debajo de la
ciudad, donde las hojas del Otoño y los borradores destruidos se
amontonan y se
atragantan con la lluvia. El alma propia en carne ajena navega hasta
que se ahoga cada vez que la castigada ciudad se inunda de dolor.
El
Más Allá del otro mundo está disimuladamente cerca, va por debajo
de calles y avenidas. Arriba, en los jardines que se han
trastornados con el viento, en los solitarios bancos de una plaza
que han perdido la razón, en los faroles del silencio, la poesía es
una amiga cotidiana. Hojas de diarios se han vuelto gorriones que
discuten y cantan y se multiplican con las palabras. De nada sirve
que los árboles escriban o que muestren sus raíces. Es inútil el
placer en la miseria.
El
amor hace propaganda, se ríe del engaño y de las equivocaciones de
Cupido. Una joven enferma se ha curado con el poder de varias obras
de teatro que juegan con el infinito. Ya no es una mendiga
sanguinaria, ahora es noble y es nueva. Es digna, majestuosa y
solitaria y está vestida con el miedo del ser humano. Es Tartufo
y entra en las panaderías, compra y no paga. En el mercado, cuando
no interpreta a una de las Preciosas
ridículas,
elige las mejores frutas que su boca aprueba o rechaza; sueño
cumplido de todo misántropo.
Para
dormir entra en los conventos con la plena seguridad de ser virgen o
de ser santa. Como tantas otras, también puede ser Liseta,
la doncella de Leonor en La
Escuela
de los Maridos.
Para tener un alto almuerzo en un alto restaurante, primero entra por
teléfono, hace la reserva y luego, saborea los mejores platos bajo
el nombre de Georgette
de La
Escuela de las Mujeres.
Elige la mejor peluquería, los llama y les lleva su cabellera. Dice
ser Elisa, hija de Arpagón y amante de Valerio de El Avaro.
Harta
de parches y remiendos, avanza
en alguna casa de Alta Ternura y ordena las prendas que requiere su
desamor y se las lleva dejando una dirección falsa. Al fin y al
cabo, es Madame Jourdain, la de El
burgués gentilhombre,
título que pronuncia con la lengua de la Alta Costura: Le
Bourgeois Gentilhomme.
Para desayunar va muy temprano a los hospitales a interpretar a
Toinette, la criada de Argan de El
enfermo imaginario.
El doctor que la
atiende, como remedio le ha inventado un ropaje blanco; la ha vestido
de fantasma. La policía está a la espera, ya ha preparado el
pianito para las huellas digitales y las esposas. El juez que ha
ordenado su captura, tiene a mano el expediente y los códigos del
escándalo. Monedas de vil metal brillan en los ojos de quienes
ejercen la prensa amarilla y están al acecho. Ahí viene Alejandra
caminando por el medio de la avenida. Los fotógrafos se esconden y
dejan que avance un poco más. De pronto se ha detenido, con una cuña
de metal abre una tapa de hierro y se les escapa; ya ha expiado su
culpa de ser poeta.
Ahora
que no duerme ni pide perdón, desde
la alcantarilla, Alejandra
Pizarnik
ya puede tener una visión del mundo.
HACE TIEMPO QUE EL SEÑOR OLIVERIO GIRONDO
SÓLO SE ALIMENTA DE FLORES
Hace
tiempo que el señor Oliverio Girondo sólo se alimenta de flores.
Las prefiere de colores diversos, menos las de color amarillo, color
que le cae mal al hígado.
El
señor Girondo sólo bebe agua energizada, la que el mismo prepara
según su mágica costumbre:
Agua
energizada, rito y consagración: En una noche estrellada y sin luna,
ofrecer al cielo una fuente con agua de lluvia. Dejar caer en la
fuente una piedra limpia y una herradura más limpia todavía. Antes
del alba y en el momento de guardar el agua, rezar la Plegaria
de la Energía:
Plegaria
de la Energía
El
agua que voy a guardar
y
que tomaré de la mano de la sed,
antes
de ser bebida, que primero tome la sed del Universo.
Agua
de uno hecha para la sed de todos,
agua
gracias a las leyes naturales de la física,
de
la química y de la Perfecta Simetría:
Leyes
de la Perfecta Simetría
Nuestro
Universo es posible porque es visible
y
somos el reflejo de un espejo, es el otro Universo,
el
que no es imposible y a la vez, invisible.
¿En
cuál de los dos estaremos?
Por
ahora sólo sabemos que a la luz de una molécula de agua,
hay
otra simétricamente igual escondida
en
la negra sombra que está detrás del espejo.
Por
la Perfecta Simetría todas las cosas del mundo
son
reflejadas infinitamente,
y
lo infinito,
por
las mismas Leyes de la Simetría Perfecta, es eterno.
Hace
tiempo que el señor Oliverio Girondo sólo vive de su eterno
descanso, aunque todo el tiempo no dejan de ofrecerle otras
reencarnaciones y resurrecciones que son rechazadas por el señor
Girondo con la cortesía de un odontólogo.
El
escritor Oliverio Girondo ya no está para redactar las esperanzas
efímeras de esa literatura fantástica que vienen a ser los
horóscopos; superchería de ocasión.
El
anfitrión Oliverio Girando tampoco desea ejercer su profesión de
amigo de todos los escritores, tarea que le ha encargado a su esposa,
a la hermana de su esposa y a la esposa de su hermano, que él no
quiere llamar cuñada sino Gloria. El filántropo Oliverio Girando
ha donado la seriedad de sus títeres y tampoco quiere enredos con
marionetas y menos aún, solventar funciones con el tema del Eterno
Retorno. Para que otros comprendan su metáfora, el ha mandado a
confeccionar un espantapájaros
de dimensiones desconocidas en el campo y en la ciudad. Hace
tiempo que el señor Oliverio Girondo sólo duerme en cátedras,
academias, congresos y sociedades de escritores. En esos ámbitos,
propicios para manzanas, gusanos y mariposas, el señor Girondo no
sueña. Para
soñar despierto, el paciente Oliverio Girondo tiene el teatro.
Ya
está en el escenario, ya se han prendido las luces seguidoras. Es
Oliverio y también, es un marinero en “La
Tempestad”.
Pronto será un sirviente en “Los
dos hidalgos de Verona”;
paje en “Las
alegres comadres de Windsor”;
ciudadano en “Medida
por medida”;
cortesano en “La
comedia de los errores”;
mensajero en “Muchos
ruido y pocas nueces”;
carpintero en “Sueños
de una noche de verano”;
oficial de justicia en “El
mercader de Venecia”;
pastor de ovejas en “Como
gustéis”;
huésped en “La
fierecilla domada”;
labriego y patán en “Los
cuentos de invierno”;
Felipe el bastardo en “Rey
Juan”;
Lord Berkeley en “Ricardo
II”;
Conde de Oxford en “Ricardo
III”;
Duque de Buckingham en “Enrique
VIII”;
Escalus, príncipe de Verona en “Romeo
y Julieta”;
será Angus en “Macbeth”
y será Marco Bruto en “Julio
César”.
Será Polonio para dar consejos y no Laertes que los recibe en
“Hamlet”.
Después de muchos rostros, el paciente Girondo u Oliverio
Homo Ludens,
conseguirá protagonizar “Otelo”
y será el Moro de Venecia. Su señora, Norah Lange, esta muy
asustada.
El señor Oliverio últimamente se está alimentando sólo de las flores que hay en las obras de William Shakespeare, a quien llama respetuosamente Willy. Después de cada función, sale a comer rosas, violetas, prímulas, narcisos, caléndulas, lirios, etc. Al señor Oliverio Girondo todas las flores de Shakespeare le vienen bien, inclusive las del abominable color amarillo.
El señor Oliverio últimamente se está alimentando sólo de las flores que hay en las obras de William Shakespeare, a quien llama respetuosamente Willy. Después de cada función, sale a comer rosas, violetas, prímulas, narcisos, caléndulas, lirios, etc. Al señor Oliverio Girondo todas las flores de Shakespeare le vienen bien, inclusive las del abominable color amarillo.
AMELIA BIAGIONI CANTA PRIMAVERA
PAMPA, ALJIBE Y PRIMAVERA
Amelia
Biagioni canta consagración, pampa, aljibe y primavera. Canta
mangrullo, molino quieto en las alturas, estandarte, torre y escalera
hacia el ayer.
Por
favor, baja del coraje, suspende todo temor. Sólo para tu boca el
ángel se hizo agua. Mueve la roldada y con la cadena del aljibe
canta el balde, llanura cielo y zorzal.
Vuelve
al tiempo hecho materia y sube del árbol al perfume, donde está la
montaña, el verano y el laurel que también fue tu corona y
condimento. Ya estás en la sombra del caldén o ñandubay, algo se
mueve entre las ramas, no es el amor. Ojos, sigilo, son las rallas
del tigre. Imprevisible, estás en pradera, espacio de flora, umbral
de lluvia, camino de fauna.
No
le temas al río, ya eres el río.
Un
oscuro pescador te puede esperar con su caña. También te puede
apuntar una cazadora que podría tener tu cara, tus ojos y tu alma.
Un
cochero te puede ofrecer una historia de repúblicas que se hunden
en el fango. Suelta la hora, nunca será tarde para encender faroles
con un palo, decir la hora y anunciar el tiempo.
Por
el empedrado hacia la plaza, repican los cascos y las ruedas,
sedientas y vacilantes, se bambolean buscando el final de una calle
larga donde está el poema de la patria. En el carro del lechero hay
litros de sueño blanco.¿De
qué te puede hablar el baqueano contigo? ¿De los atajos de los
cenáculos? ¿De las trampas de la fama? ¿Y el domador? ¿Del
miedo vencido? ¿De la mala suerte? ¿Del jinete con el corazón en
la boca?Vamos…que
ni aparezca el guitarrero que te quiera medir los versos escritos en
un poncho tejido con la trama de la vida, bandera en la canción,
abrazo y cordillera. En cada hebra de lana hay un suspiro para el
frío, la soledad y la esperanza.
Las
Amelias y las Magnolias decidieron quedarse, a pesar de las sequías,
de los infiernos, de las plagas, de las inundaciones, de los fraudes,
las indiferencias y los límites alambrados de ilusiones.
Querida,
aquí está el aguatero con el jugo del cielo para tu mirada pura y
fresca. Aquí está el rastreador que ha dado contigo cuando estabas
perdida. Tenías razón, no era el Aqueronte, era el Río de la
Plata.
Nadie
te va a mostrar lo que ha quedado de la comarca, los galpones están
llenos de incertidumbres y los cuatreros ya no trafican ganado ajeno
porque han descendido a los sepulcros.
Hagamos
un alto en la vasija y entremos en la pulpería: balanza, payador,
cueros, porrones de ginebra y una guitarra que se renueva con las más
antiguas preguntas.
Ya
lo sabes,
oirás
lo que nadie oye y volverás al desconsuelo cantando bajito detrás
del sueño largo de América del Sur. Con la voz en la pluma no
abandonarás la celebración del encuentro donde se maneja sobre el
fuego el agua que no debe hervir. Volverás a oír que unas manos
juntan el agua caliente con un todo de yerba mate y una callada
amistad.
Ya
están ordenados tus libros en ambrosía y manjar del cielo, poeta
con vocación de crepúsculo para abarcar el mundo en un solo
silencio: el que permite cantar el verde perfume del pasto recién
cortado o el olor del volcán en la ceniza.
Porque
imaginabas el Diluvio, en tu nombre se ha puesto a llover para sigas
esperando en las
cacerías,
en la
llave,
en el
humo.
Pasarán
los años y tu perfil será medalla, tendrás la luna en otras manos
y tu pelo será jazmín.
Sos
la que duele, la que calma, la que sana; manzanilla, lavanda y menta.
Menta tranquila y provinciana que ama y que perfuma.
Verde
Amelia, conocida y desconocida, como Dios y la muerte.
ENTRE ORACIONES Y CAMPANAS
NICOLÁS GUILLÉN VA EN PROCESIÓN
Cansado
de la rumba, el moreno José que ya no canta, avanza como puede entre
los peregrinos y sigue empujando el humo dulce de su barco manisero.
Se
mueve la cofradía de la fragua, el conventillo de los clavos y los
hermanos de la madera. Desfilan las floristas con sus baldes, las
peluqueras de provincia con sus tijeras y las capitalinas doncellas
del jabón con delantal y con espuma. El sepulturero se desplaza como
uno más, sin la vanidad de los panteones que conocen la pompa de los
funerales, que saben del desamparo, del desconsuelo y del olvido
posterior.
Un
caudal de profesores y maestros se despliega con sus premisas,
mapamundis, tiza, pizarrón y la gramática de la historia al compás
de un redoble de tambores. Las solteronas mueven sus piernas a su
merced, más el dictamen de sus medias impecables. Matronas y
parteras del perjurio entran en la ronda pregonando pecados y
hablando de precios y no lejos de ellas, con magia, oraciones,
hierbas y remedios, van los secretos de las curanderas.
Saludan
a los vecinos los panaderos del alba, los barrenderos de la mañana,
los carniceros del mediodía, los zapateros de la tarde y los
cantineros de la noche. Se acrecienta el tumulto con herreros y
vidrieros que saben de puertas y ventanas en penitencia. Deambulan
los comedidos de siempre, los vendedores ambulantes y los albañiles
que discuten las doctrinas y las canciones universales junto a los
deudores de los príncipes de la usura.
Calladas
acuden las planchadoras con cautela y las dueñas de la sacristía
que visten santos, pero que no se juntan con vagabundos, pordioseros
de oficio y mendigos de profesión. También dicen presente las
silenciosas enfermeras que ejercen los primeros auxilios para el
alma. Circula la diligencia con los carteros y los poetas; ahí van
los Martín, los Roldán, los Guillén.
No
pueden estar ausentes las damas de la noche, las que tienen potestad
para ser sinceras, aunque después engendren hijos para el insulto.
Todavía
faltan los inválidos, los mestizos casi muertos que vienen
encadenados desde los asilos, el regimiento de los mutilados y el
batallón de los desnutridos que portan un estandarte hechos con piel
humana. Queda rezagada una muchedumbre de impedidos que no les
importa la vergüenza. Aún falta que pase la costurera que se sacó
el pan de la boca para poder hacer la bandera de la patria. Es la
negra María, la que ha vestido a la virgen y ha vestido a las novias
y después a sus hijos. Es la que sigue viuda, la que sigue pobre y
sigue rezando el Padrenuestro
con vieja su máquina de coser.
NERUDA SE PONE A COCINAR
Aquí
en el sur de nuestro voluptuoso continente, donde aprendió abrir los
libros y las ostras, Neruda prepara Curanto,
comida ancestral. Mapuches cavan en el negro suelo un pozo de trueno
que tapizan con piedras volcánicas ardientes para que reciban los
frutos del mar y de la tierra.
Todo
se cocina durante la noche hambrienta hasta que canta el gallo, el
sol se ríe y se destapa el oceánico manjar que alcanzará para
todos los poetas de Chile empezando por Pablo de Rokha y terminando
por los Parra.
Neruda
hecho un cóndor, cruza una vez más la cordillera. Llega a la pampa
y vuelve a ser Neruda, en lugar de Caldillo
de congrio,
se propone una Carbonada.
Entonces, la dibuja y sus manos juegan a los dados con papas,
zanahorias y zapallos. Corta los mosaicos de carne vacuna y
oligárquica. Su olfato pide hierbas; sus ojos, la cebolla. Un
alambre lírico sostiene la olla sobre el ojo del fuego. El viento
pampero va y viene con las décimas de Fierro que pasan por una
guitarra. El poeta vuela. El gran pájaro vuela y sigue. Al otro
lado del río de la Plata, quiere Chivitos
uruguayos
y se encuentra en la ribera con sus comensales. Sabat Escarty ya es
un sueño de libros y canciones universitarias.
Pablo sube los
ríos y sube por la historia. En Asunción ha de comulgar Sopa
paraguaya
bendecida, lo hará en el mismo plato cotidiano que Roa Bastos usó
para masticar “Yo
el Supremo”.
El
Chaco impenetrable lo camina, pasa por sus vísceras, lo transporta y
lo lanza a Santa Cruz de la Sierra, donde prueba el Majau
de pato
que por el arroz le evoca una paella. La máquina de los días y las
noches lo lleva hasta Oruro, su boca recibe la Quínoa,
alimento incaico. En Oruro participa de una diablada y viaja a
Iquique con sus máscaras y sus plumas. Se acuesta en la arena. En
el puerto se sube a un barco de carga donde consigue un camarote.
Entre las cortinas de la niebla, aparece en El Callao. Alguien canta
a Chabuca y lo despierta. Se alimenta con Ají
de gallina y
hace el amor y vija. Busca en las mesas de Guayaquil el Ceviche
postergado en Lima. Entra en estado de “Huasipungo”.
Se
gana un viaje a Bogotá, allí donde todos escriben. Una modesta
familia colombiana lo reconoce y lo invita a su casa. En la mesa
sencilla le ofrecen Bandeja
Paisa
y Arepas.
El poeta delira.
Después
llega a Panamá y sólo hay comida imperialista. Le cuesta conseguir
Tamales.
Entonces, huye. En Costa Rica lo celebran con un Arroz
a la Tico,
donde el pollo está perfumado con todas las hierbas del Paraíso.
En El Salvador un mago cocinero le enseña la magia de las Pupusas
y los secretos del comal. En Haití, estudia el Chictay
y toma el poder en una sartén con arenques, echadotes y chiles.
Brinda
con ron Barbancourt, lee “Bon
Dieu rit”
de Edris Saint-Amand y se escapa del vudú.
Para
sobremorir el poeta descansa otra vez como marinero. Navega y avanza.
Llega a Santo Domingo, cena y regala la apología de ese puré de
plátanos que es el Mangú.
En Managua, aprende la confección de Nacatamales
y después de varios almuerzos, llega a Honduras y devora enamorado
las Montucas.
Los granos pisados de los elotes en su memoria son las Humitas.
Escribe la Oda
al achiote
(que es casi la misma Oda
a la chiltoma con
algunas variantes gramáticas y políticas).
En
Guatemala lo espera Miguel Ángel Asturias que le enseñará a
cocinar Gallo
en chicha.
Comen, beben, insultan y cantan. En México es homenajeado por
Alfonso Reyes con Guajolote
en mole poblano.
Comienzan a brindar por amigos y enemigos comunes. A los postres ya
está hablando en francés y ha pensado en siete mujeres, en seis
libros, en dos o tres religiones y en un solo partido político. Como
el fantasma de Trotsky lo persigue, se enoja y se toma el avión. Por
una invitación oficial de los venezolanos, llega a Caracas para
defender un Pabellón
criollo
y sus correspondientes Arepas.
Paga
las atenciones recibidas con eso que los franceses llaman “pierrade”.
Es decir, se pone a cocinar sobre una piedra muy caliente los
alimentos de un cántico: Poema
Infinito.
Este canto,
de una forma alarmante, se parece a Piedra
Infinita
del mendocino Jorge Enrique Ramponi.
En
Brasil, luego de varios días de ayuno, de baños de mar y de
estrellas, le entrega su estómago a una Feijoada
digna de Jorge Amado. En San Salvador de Bahía de Todos los Santos,
los hechiceros lo limpian y lo sanan.
Viaja
a La Habana y lo invitan con Moros
y cristianos.
Recibe un llamado de José Martí y por fin, regresa al cielo verde
donde el único alimento es el maná.
VICENTE HUIDOBRO EL QUE VA
EN UN BEEFTEAK A LO POBRE
Vicente
Huidobro el que va en un beefsteak
a lo pobre, plato vencedor de la muerte. Detrás viene el caldo en
la sopera y cucharón en mano, el cocinero.
Estamos
en la sacristía de la cocina. Somos parte de los diezmos, de las
tocatas, de las fugas, de la amistad de servilletas con manteles y
del trabajo de infernales hornallas y campanas con humo y chimenea.
Las
especias, como jazmines en el aire y la rosa de los vientos, saludan
con respiraciones de ollas y marmitas de barro. Es América morena la
que se alimenta del poeta visionario de las luciérnagas del bosque,
de las papas nocturnas y de los amanecidos frutos del mar que
servirán de aperitivo.
Una
pluma vicentina embebida en los vinos del Huidobro canta el aria de
la cebolla dorada en manteca que acompañará al nido de papas
fritas. En el plato refulge la emoción del ajo y la sonrisa del
perejil esparcido sobre el bife que mira a través de los ojos de los
huevos fritos.
Comensal
de la inteligencia, nunca dejes de ser una rara tristeza afinada por
la chaira de la ironía. ¿Hay algo más vivo que un canasto para
salir a comprar nuestras letras curtidas con sal de lápidas y
herrumbres de amarguras?
Tuya
es la lengua que ya no prueba ranas ni caracoles, sólo bifes a lo
pobre. Tuyo, el negro paladar que saborea epitafios y aforismos. Es
la hora de tu digestión y es tu pueblo el que te almuerza.
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