viernes, 22 de febrero de 2013

de PALABRAS PARA UN TAMBOR

Algunas aguafuertes de
Palabras para un tambor

Escribir no es sólo estar sentado a tu mesa contigo mismo,
escribir es escuchar el ruido del mundo.”
J-M. G. Le Clézio

Leer los poemas de Miroslav Scheuba
es como asistir a una degustación de palabras.
Son poemas hechos con perfumes y sabores;
poemas hechos con los colores del amor a los libros.
Logró el autor hacerme entrar
en un paisaje desconocido del cual poco a poco
me fui haciendo parte.
Un tambor de homenajes a los grandes maestros
suena a fiesta de gala en la poesía de Miroslav.

Silvia Montenegro, La Plata, 2010
OLGA OROZCO HA VUELTO
A SER COMIDA Y DEVORADA 
Primero en canoa por el Río Sagrado de la Lengua
y luego, en caravana por el esófago de América,
Olga te cantan y te llevan bajo la protección de los astros.
La gran cuchara se acerca y en la saliva del ahora, envuelta
en verduras a la crema, has regresado a la mesa de este mundo 
donde tu alma pesa menos que una pluma.
Alguien mastica tus palabras y se cumple la profecía,
ceros y números en una olla te calculan,
una grieta en el plato te espera. Es la hora de la comida,
es tiempo de guacamole, no de masticar piedras.
El pan de tus ojos se abre en párpados crocantes
y tu boca se cierra ante un vuelo inesperado:
es el verde pájaro del misterio.
Atrás quedó tu cuerpo abatido por los cubiertos de acero
y una vez más el árbol de tus huesos
se levanta más fuerte que el viento y los pantanos.
Mientras ordenan el sacrificio de otros seres que deben salir por el agua.
se ofrece una carbonada y un poema patibulario.
Hay algo de Dios que no muere debajo de las cenizas lo que
hace crepitar versos nuevos en la posada,
palabras atizadas por el soplo de su propia pimienta.
Quemadas ya fueron la pasión y los secretos. Bajan suaves
las palabras del cielo y entre los tenedores está el alimento.
Mas no todo está diez puntos en los valles de esta mesa,
abundan los granos duros y las miserables migajas,
menos faltan, con sus ridículas partes crudas,
los sumos sacerdotes de la infamia, los que le han robado
a los ojos del fuego su mirada de gula interminable.
¿Cómo no va a ser desconocido este menú salvaje si nosotros
somos los comensales y somos el hambre?
Sí, nosotros somos los huéspedes sin desayuno, sin almuerzo
y queremos comer. Pagaremos con oscuridad y con sombra
la sopa de este silencio.
Olga, ya has sido comida y devorada,
recibe en esta cena la sonrisa y el saludo del abismo.
Cacao y vainilla, papayas y mandarinas perfuman la ceremonia.
Llega el instante más alto del ritual: los talismanes del postre
y la sabiduría atroz del chocolate que ha pasado por la digestión
de toda una historia.
Con una inocente música hecha con semillas de lengua y paladar
ya puedes contemplar con el Sol la marcha de los guerreros,
ya puedes disfrutar con la Luna el desfile de las antorchas.


 MUTIS POR EL FORO

Álvaro Mutis
limpia un vaso de whisky de todos sus malos pensamientos
y apártate del whisky traidor.
Acércate despacio a esa barca
que es una botella de ron Medellín Añejo
y embárcate con ella.
En tu tierra caliente no te olvides del hielo
ni de regresar a tu infancia,
cuando te escondías entre las cañas
y un diablo invisible te soplaba el cuerpo.
Después, llegarían tus mujeres de mirada fija y paso lento,
como los pasos de Ilona,
la que llega con la lluvia.
Indaga en el murmullo tus empresas de ultramar,
tus naufragios,
tus quiebras,
tus parientes,
tus ahogados,
tus derrotas,
tus cobardías,
tus ocultamientos
y tus penas y tribulaciones.
Vuelve al vaso
que todavía es vaso,
y junta la transpiración de tu patria
que se ha hecho licor de café.
Únela con toda la fuerza de tu mente.
Por último,
agrega ese breve ruego
del Espíritu Santo del ron
para que te libre de todos los males
y por los siglos de los siglos en un tren.


DE JUAN RULFO
NADIE HA OLVIDADO LAS FOTOGRAFÍAS
DEL PATIO DE ATRÁS 
Construcciones nativas y supersticiones españolas.
La pared da la cara en un balcón
y el suelo está gastado por el narcotráfico.
En el frente, dos bancos inamovibles, atrevidos y sagrados.
El portón central conduce al otro mundo.
Afuera ha quedado el llano en llamas, patio de atrás de América.
Rejas negras callan las ventanas,
alguien nos mira y no lo vemos.
Nunca hubo tanto silencio. El sol es despiadado.
Plantaciones primitivas y plagas civilizadoras
sobre el árido terreno plantado de maguey.
La planta habla por sus espinas.

Verde, sueño, tequila y una vida suculenta,
mañana será cordel para amarrar la injusticia con la miseria.

El ahora, con muchos brazos, los quiere ver dormidos,
para que no sueñen el mundo que viene.
Hoy florecen los murciélagos.
Montañas de nubes en el cielo
el agave se cultiva para los muertos.
Se duerme lo verde, fermenta el sueño en una tinaja
y el pulque será destilado por los ángeles del infierno.
Una mujer curtida por la luz tiene su boca clausurada.
La tierra piensa, digiere la vida, olvida el amor,
cree en el cielo y espera la lluvia.
Murallas más viejas que las aves rapaces viven de la carroña.
Ruinas y devastaciones evangelizadoras.
Entre los adobes de la pared ondulante un final se esconde.
Los ladrillos dividen el espacio;
de un lado queda el pasado, y del otro, el olvido.
Monumentos de piedra más altos que la envidia
escuchan lo que dice un tiempo que casi no existe.
Cactus o cardones y Dios ausente. El humo, el patio, el basural.
La esquina inamovible en su letrero,
la calle del Correo Mayor, el gentío de siempre, una feria,
dos mujeres, arrodilladas y postergadas, venden chiles.

Una escalera, ropa colgada en el aire caliente.
A la salida de una iglesia
un niño multiplicado en varios niños juega a la guerra.
A la salida de otra iglesia, hay más niños y luego, otra iglesia.
Hacen falta juguetes y sobra una cruz.

Los instrumentos musicales de una banda,
las canciones de una revolución,
un sombrero grande y una guitarra enorme como la muerte.
A la sombra de un álamo, generosas mesas con flores.
Los preparativos de una gran boda local.
Es el casamiento de una modelo con un futbolista.
El pueblo ha dejado de ser un pueblo fantasma,
han vuelto los recuerdos, los bailes, las pistolas y las balas.
Sentado en el suelo
un oscuro habitante inseguro está cansado, ausente.

Tal vez ese hombre ya no se acuerde que fue Pedro Páramo.


A David Rieff, un incunable en el sentido literal del término.
 .
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CÓMO IMPLORAR POR TRES POETAS BRASILEÑOS
Y OTROS MÁS...CON UNA SOLA PLEGARIA 
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Habrá que ser árbol y escribir para la tierra.

Habrá que ser río y leer para el cielo.

Habrá que caminar toda la tarde, como lo hace la esperanza.

Habrá que golpear puerta por puerta, con avidez de más puertas.

Habrá que madrugar pueblo por pueblo, desayunar escuela por escuela, libro por libro, lápiz por lápiz y campana por campana.

Habrá que poner el corazón en la muralla como los hacen los enamorados que se quedan solos en el mundo.
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Habrá que vivir toda la vida, carta por carta, hoja por hoja, palabra por palabra, letra por letra, hasta volver a escuchar que después de esta vida hay otra vida, en una letra, en una palabra y en una hoja.

Habrá que repartir sueños y nubes y habrá que despertar a la lluvia.

Habrá que dejar que el amor se haga pan y que el agua, una vez a la semana, se transforme en vino.

Habrá que dejar que el día otra vez comience con los pájaros y que los niños y los ancianos de las tribus de la selva y de las tribus urbanas digan su Oración Amazónica:



ORACIÓN AMAZÓNICA

¡Oh Señor! Nosotros los indios, los ancianos y los niños de Sudamérica
elevamos a tu corazón esta plegaria:
Aunque Tu no nos veas
nosotros desde la selva te miramos cuando miramos el cielo.
Aunque Tu no nos oigas
nosotros en la cueva te escuchamos en el silencio.
Aunque tu no nos hables
nosotros en medio de la inundación te hablamos con el pensamiento.
Somos los que tenemos muchos nombres,
somos la Xavantes, los que rezamos por las tribus de Brasil,
somos los Caucanos, los que rezamos por las tribus de Colombia,
somo los Yanomamis, los que rezamos por las tribus de Venezuela,
y también somos los niños y los ancianos
los que estamos rezamos por todas las tribus urbanas.
Aunque otros nos pongan piedras en el camino,
hemos encontrado con la oración un camino para agradecer.
Gracias Señor por las lianas de la Fe
aunque otros sin avisarnos nos pongas lianas electrificadas.
Gracias Señor por los ríos de la esperanza,
ríos que cada día están más contaminados.
Gracias Señor por los árboles de la paciencia
aunque por otros sean talados e incendiados.
Gracias Señor por el aire que respiramos
aunque a veces es más humo que aire, igualmente lo compartimos
como compartimos el agua y el pan. Y gracias Señor
por habernos enseñado a rezar por los otros y por nosotros
y por nuestro Amazonas digno de alabanza y digno de perdón.


JOSÉ MARTÍ, UN CAFÉ LITERARIO
DONDE SE TOMA EL CAFÉ DEL EXILIO 

Entonces tomarás el café del exilio, te servirán un café lleno de palabras, pero sin nada de patria.

Este café no viene solo, te lo servirán con algunas confituras alternativas: vivir y luchar o dejar de vivir y de luchar, disyuntiva que te hará pensar, mientras el café se abre y se enfría. Junto al café te servirán un pequeño vaso con el agua fresca de la frontera, la que calma tu destierro.

Así también, te ofrecerán café con la crema de la crema de todos los errores pasados. Quedan a tu disposición los miserables equipajes donde llevas consigo tu pueblo, tu ciudad, tu país y toda tu vida.


El tibio café del exilio con sabor a miedo y soledad está cargado de sombras, persecuciones y melancolías que se hunden agarradas de los garfios de las embestidas y los zarpazos.

Puedes agregarle la piel de un limón o de una naranja, el ron que quieras, pero no te hagas preguntas que sólo pueden responder el mar o las montañas.

El café en cada lugar tendrán un licor distinto para emborrachar la sombra de tu cuerpo y de tu alma. Manos expertas en el engaño intentarán con mil recetas que caigas en la trampa del olvido.

¿Qué refugiado no almorzó sólo un café con leche y a la noche cenó sólo pan y manteca y otro café con leche?

Hay quienes recolectan cualquier tipo de semilla y la someten a un proceso de tostado y luego, la muelen para servir la falsedad de este mundo en un pocillo de cafetería. Algo similar al falso café, suele pasar con la literatura y con muchas otras cosas que nos da la vida.

Café con filosofía, lo que te quema del destierro; café con nostalgia, lo que te liquida del exilio, así te lo sirvan en bandeja, en tazas de porcelana de Sèvres y con cucharita de plata.

El verdadero café te habla en tu casa, en el bar o en el café cerca de tu casa. Es el que te extraña cuando te ausentas y su aroma va contigo en tu memoria. Café sin preguntas, por más que no te hayas despedido. Desde tu casa, el café seguirá en tu corazón desmantelado, se quedará sufriendo tu hambre y tu frío. Si estás vivo no se termina, se termina si estás muerto. Pasan meses de café, años de café, hasta que un día el café te da por desaparecido. En ese instante y lejos de tu tierra, tu paisaje es un paisaje que se muere en el campo de exterminio, en una mina de cal abandonada, en la fosa común, en el terreno baldío donde pululan los chillidos, en pantanos infectados de cómplices y silencios, en madrigueras bajo la demolición de la muerte o en la morgue de los acantilados donde los muertos se llaman N. N.

Poeta, ese es tu café, el que en lugar de llorar te hace fuerte cuando te destruyen y todo se derrumba.

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A Manuel Ruano Miranda que conoció el amargo sabor del café del exilio.

 ALEJANDRA PIZARNIK
Y LA VISIÓN DEL MUNDO DESDE UNA ALCANTARILLA

Alejandra Pizarnik no tiene por qué pedir perdón por haber vivido en Alejandra Pizarnik. Tampoco por lo que bebe la Condesa sangrienta con sus tímidas y educadas manos asesinas o por el tercer ojo o por ser una de las mujeres sabias de Molière, la que no se ha quedado ciega. Alejandra deambula por las tuberías del subsuelo y se aprende los recodos de los desagües. Sabe cuales son las rejillas que discriminan las urgencias y los asombros. Cuales deben correr o cuales merecen la quietud de las aguas servidas de la bohemia.

Se alegra de los aguaceros que limpian y purgan las mentiras y las ausencias en caños y cañerías que van a desembocar en las consecuencias de los recuerdos que en la noche subterránea se pliega a las canciones de los grillos y a las peleas de las sombras dibujadas como sombras chinas en la turbulencia y la melancolía. Una fauna de roedores toma posesión de los perfumes del desprecio, de las carcajadas del odio y los castigos que corren debajo de la ciudad, donde las hojas del Otoño y los borradores destruidos se amontonan y se atragantan con la lluvia. El alma propia en carne ajena navega hasta que se ahoga cada vez que la castigada ciudad se inunda de dolor.

El Más Allá del otro mundo está disimuladamente cerca, va por debajo de calles y avenidas. Arriba, en los jardines que se han trastornados con el viento, en los solitarios bancos de una plaza que han perdido la razón, en los faroles del silencio, la poesía es una amiga cotidiana. Hojas de diarios se han vuelto gorriones que discuten y cantan y se multiplican con las palabras. De nada sirve que los árboles escriban o que muestren sus raíces. Es inútil el placer en la miseria.

El amor hace propaganda, se ríe del engaño y de las equivocaciones de Cupido. Una joven enferma se ha curado con el poder de varias obras de teatro que juegan con el infinito. Ya no es una mendiga sanguinaria, ahora es noble y es nueva. Es digna, majestuosa y solitaria y está vestida con el miedo del ser humano. Es Tartufo y entra en las panaderías, compra y no paga. En el mercado, cuando no interpreta a una de las Preciosas ridículas, elige las mejores frutas que su boca aprueba o rechaza; sueño cumplido de todo misántropo.

Para dormir entra en los conventos con la plena seguridad de ser virgen o de ser santa. Como tantas otras, también puede ser Liseta, la doncella de Leonor en La Escuela de los Maridos. Para tener un alto almuerzo en un alto restaurante, primero entra por teléfono, hace la reserva y luego, saborea los mejores platos bajo el nombre de Georgette de La Escuela de las Mujeres. Elige la mejor peluquería, los llama y les lleva su cabellera. Dice ser Elisa, hija de Arpagón y amante de Valerio de El Avaro. Harta de parches y remiendos, avanza en alguna casa de Alta Ternura y ordena las prendas que requiere su desamor y se las lleva dejando una dirección falsa. Al fin y al cabo, es Madame Jourdain, la de El burgués gentilhombre, título que pronuncia con la lengua de la Alta Costura: Le Bourgeois Gentilhomme. Para desayunar va muy temprano a los hospitales a interpretar a Toinette, la criada de Argan de El enfermo imaginario. 
 El doctor que la atiende, como remedio le ha inventado un ropaje blanco; la ha vestido de fantasma. La policía está a la espera, ya ha preparado el pianito para las huellas digitales y las esposas. El juez que ha ordenado su captura, tiene a mano el expediente y los códigos del escándalo. Monedas de vil metal brillan en los ojos de quienes ejercen la prensa amarilla y están al acecho. Ahí viene Alejandra caminando por el medio de la avenida. Los fotógrafos se esconden y dejan que avance un poco más. De pronto se ha detenido, con una cuña de metal abre una tapa de hierro y se les escapa; ya ha expiado su culpa de ser poeta. Ahora que no duerme ni pide perdón, desde la alcantarilla, Alejandra Pizarnik ya puede tener una visión del mundo.


 HACE TIEMPO QUE EL SEÑOR OLIVERIO GIRONDO
SÓLO SE ALIMENTA DE FLORES
Hace tiempo que el señor Oliverio Girondo sólo se alimenta de flores. Las prefiere de colores diversos, menos las de color amarillo, color que le cae mal al hígado.

El señor Girondo sólo bebe agua energizada, la que el mismo prepara según su mágica costumbre:

Agua energizada, rito y consagración: En una noche estrellada y sin luna, ofrecer al cielo una fuente con agua de lluvia. Dejar caer en la fuente una piedra limpia y una herradura más limpia todavía. Antes del alba y en el momento de guardar el agua, rezar la Plegaria de la Energía:
 
Plegaria de la Energía


El agua que voy a guardar
y que tomaré de la mano de la sed,
antes de ser bebida, que primero tome la sed del Universo.
Agua de uno hecha para la sed de todos,
agua gracias a las leyes naturales de la física,
de la química y de la Perfecta Simetría:

Leyes de la Perfecta Simetría

Nuestro Universo es posible porque es visible
y somos el reflejo de un espejo, es el otro Universo,
el que no es imposible y a la vez, invisible.
¿En cuál de los dos estaremos?
Por ahora sólo sabemos que a la luz de una molécula de agua,
hay otra simétricamente igual escondida
en la negra sombra que está detrás del espejo.
Por la Perfecta Simetría todas las cosas del mundo
son reflejadas infinitamente,
y lo infinito,
por las mismas Leyes de la Simetría Perfecta, es eterno.
 
Hace tiempo que el señor Oliverio Girondo sólo vive de su eterno descanso, aunque todo el tiempo no dejan de ofrecerle otras reencarnaciones y resurrecciones que son rechazadas por el señor Girondo con la cortesía de un odontólogo.

El escritor Oliverio Girondo ya no está para redactar las esperanzas efímeras de esa literatura fantástica que vienen a ser los horóscopos; superchería de ocasión.


El anfitrión Oliverio Girando tampoco desea ejercer su profesión de amigo de todos los escritores, tarea que le ha encargado a su esposa, a la hermana de su esposa y a la esposa de su hermano, que él no quiere llamar cuñada sino Gloria. El filántropo Oliverio Girando ha donado la seriedad de sus títeres y tampoco quiere enredos con marionetas y menos aún, solventar funciones con el tema del Eterno Retorno. Para que otros comprendan su metáfora, el ha mandado a confeccionar un espantapájaros de dimensiones desconocidas en el campo y en la ciudad. Hace tiempo que el señor Oliverio Girondo sólo duerme en cátedras, academias, congresos y sociedades de escritores. En esos ámbitos, propicios para manzanas, gusanos y mariposas, el señor Girondo no sueña. Para soñar despierto, el paciente Oliverio Girondo tiene el teatro.

Ya está en el escenario, ya se han prendido las luces seguidoras. Es Oliverio y también, es un marinero en “La Tempestad”. Pronto será un sirviente en “Los dos hidalgos de Verona”; paje en “Las alegres comadres de Windsor”; ciudadano en “Medida por medida”; cortesano en “La comedia de los errores”; mensajero en “Muchos ruido y pocas nueces”; carpintero en “Sueños de una noche de verano”; oficial de justicia en “El mercader de Venecia”; pastor de ovejas en “Como gustéis”; huésped en “La fierecilla domada”; labriego y patán en “Los cuentos de invierno”; Felipe el bastardo en “Rey Juan”; Lord Berkeley en “Ricardo II”; Conde de Oxford en “Ricardo III”; Duque de Buckingham en “Enrique VIII”; Escalus, príncipe de Verona en “Romeo y Julieta”; será Angus en “Macbeth” y será Marco Bruto en “Julio César”. Será Polonio para dar consejos y no Laertes que los recibe en Hamlet”. Después de muchos rostros, el paciente Girondo u Oliverio Homo Ludens, conseguirá protagonizar “Otelo” y será el Moro de Venecia. Su señora, Norah Lange, esta muy asustada.

El señor Oliverio últimamente se está alimentando sólo de las flores que hay en las obras de William Shakespeare, a quien llama respetuosamente Willy. Después de cada función, sale a comer rosas, violetas, prímulas, narcisos, caléndulas, lirios, etc. Al señor Oliverio Girondo todas las flores de Shakespeare le vienen bien, inclusive las del abominable color amarillo.

AMELIA BIAGIONI CANTA PRIMAVERA 
PAMPA, ALJIBE Y PRIMAVERA

Amelia Biagioni canta consagración, pampa, aljibe y primavera. Canta mangrullo, molino quieto en las alturas, estandarte, torre y escalera hacia el ayer.

Por favor, baja del coraje, suspende todo temor. Sólo para tu boca el ángel se hizo agua. Mueve la roldada y con la cadena del aljibe canta el balde, llanura cielo y zorzal.

Vuelve al tiempo hecho materia y sube del árbol al perfume, donde está la montaña, el verano y el laurel que también fue tu corona y condimento. Ya estás en la sombra del caldén o ñandubay, algo se mueve entre las ramas, no es el amor. Ojos, sigilo, son las rallas del tigre. Imprevisible, estás en pradera, espacio de flora, umbral de lluvia, camino de fauna.

No le temas al río, ya eres el río.

Un oscuro pescador te puede esperar con su caña. También te puede apuntar una cazadora que podría tener tu cara, tus ojos y tu alma.

Un cochero te puede ofrecer una historia de repúblicas que se hunden en el fango. Suelta la hora, nunca será tarde para encender faroles con un palo, decir la hora y anunciar el tiempo.
Por el empedrado hacia la plaza, repican los cascos y las ruedas, sedientas y vacilantes, se bambolean buscando el final de una calle larga donde está el poema de la patria. En el carro del lechero hay litros de sueño blanco.¿De qué te puede hablar el baqueano contigo? ¿De los atajos de los cenáculos? ¿De las trampas de la fama? ¿Y el domador? ¿Del miedo vencido? ¿De la mala suerte? ¿Del jinete con el corazón en la boca?Vamos…que ni aparezca el guitarrero que te quiera medir los versos escritos en un poncho tejido con la trama de la vida, bandera en la canción, abrazo y cordillera. En cada hebra de lana hay un suspiro para el frío, la soledad y la esperanza.

Las Amelias y las Magnolias decidieron quedarse, a pesar de las sequías, de los infiernos, de las plagas, de las inundaciones, de los fraudes, las indiferencias y los límites alambrados de ilusiones.

Querida, aquí está el aguatero con el jugo del cielo para tu mirada pura y fresca. Aquí está el rastreador que ha dado contigo cuando estabas perdida. Tenías razón, no era el Aqueronte, era el Río de la Plata.

Nadie te va a mostrar lo que ha quedado de la comarca, los galpones están llenos de incertidumbres y los cuatreros ya no trafican ganado ajeno porque han descendido a los sepulcros.

Hagamos un alto en la vasija y entremos en la pulpería: balanza, payador, cueros, porrones de ginebra y una guitarra que se renueva con las más antiguas preguntas.
Ya lo sabes, oirás lo que nadie oye y volverás al desconsuelo cantando bajito detrás del sueño largo de América del Sur. Con la voz en la pluma no abandonarás la celebración del encuentro donde se maneja sobre el fuego el agua que no debe hervir. Volverás a oír que unas manos juntan el agua caliente con un todo de yerba mate y una callada amistad.

Ya están ordenados tus libros en ambrosía y manjar del cielo, poeta con vocación de crepúsculo para abarcar el mundo en un solo silencio: el que permite cantar el verde perfume del pasto recién cortado o el olor del volcán en la ceniza.

Porque imaginabas el Diluvio, en tu nombre se ha puesto a llover para sigas esperando en las cacerías, en la llave, en el humo.

Pasarán los años y tu perfil será medalla, tendrás la luna en otras manos y tu pelo será jazmín.

Sos la que duele, la que calma, la que sana; manzanilla, lavanda y menta. Menta tranquila y provinciana que ama y que perfuma.

Verde Amelia, conocida y desconocida, como Dios y la muerte.

ENTRE ORACIONES Y CAMPANAS
NICOLÁS GUILLÉN VA EN PROCESIÓN 
 
Cansado de la rumba, el moreno José que ya no canta, avanza como puede entre los peregrinos y sigue empujando el humo dulce de su barco manisero.

Se mueve la cofradía de la fragua, el conventillo de los clavos y los hermanos de la madera. Desfilan las floristas con sus baldes, las peluqueras de provincia con sus tijeras y las capitalinas doncellas del jabón con delantal y con espuma. El sepulturero se desplaza como uno más, sin la vanidad de los panteones que conocen la pompa de los funerales, que saben del desamparo, del desconsuelo y del olvido posterior.

Un caudal de profesores y maestros se despliega con sus premisas, mapamundis, tiza, pizarrón y la gramática de la historia al compás de un redoble de tambores. Las solteronas mueven sus piernas a su merced, más el dictamen de sus medias impecables. Matronas y parteras del perjurio entran en la ronda pregonando pecados y hablando de precios y no lejos de ellas, con magia, oraciones, hierbas y remedios, van los secretos de las curanderas.

Saludan a los vecinos los panaderos del alba, los barrenderos de la mañana, los carniceros del mediodía, los zapateros de la tarde y los cantineros de la noche. Se acrecienta el tumulto con herreros y vidrieros que saben de puertas y ventanas en penitencia. Deambulan los comedidos de siempre, los vendedores ambulantes y los albañiles que discuten las doctrinas y las canciones universales junto a los deudores de los príncipes de la usura.

Calladas acuden las planchadoras con cautela y las dueñas de la sacristía que visten santos, pero que no se juntan con vagabundos, pordioseros de oficio y mendigos de profesión. También dicen presente las silenciosas enfermeras que ejercen los primeros auxilios para el alma. Circula la diligencia con los carteros y los poetas; ahí van los Martín, los Roldán, los Guillén.

No pueden estar ausentes las damas de la noche, las que tienen potestad para ser sinceras, aunque después engendren hijos para el insulto.

Todavía faltan los inválidos, los mestizos casi muertos que vienen encadenados desde los asilos, el regimiento de los mutilados y el batallón de los desnutridos que portan un estandarte hechos con piel humana. Queda rezagada una muchedumbre de impedidos que no les importa la vergüenza. Aún falta que pase la costurera que se sacó el pan de la boca para poder hacer la bandera de la patria. Es la negra María, la que ha vestido a la virgen y ha vestido a las novias y después a sus hijos. Es la que sigue viuda, la que sigue pobre y sigue rezando el Padrenuestro con vieja su máquina de coser.


 NERUDA SE PONE A COCINAR
Aquí en el sur de nuestro voluptuoso continente, donde aprendió abrir los libros y las ostras, Neruda prepara Curanto, comida ancestral. Mapuches cavan en el negro suelo un pozo de trueno que tapizan con piedras volcánicas ardientes para que reciban los frutos del mar y de la tierra.

Todo se cocina durante la noche hambrienta hasta que canta el gallo, el sol se ríe y se destapa el oceánico manjar que alcanzará para todos los poetas de Chile empezando por Pablo de Rokha y terminando por los Parra.

Neruda hecho un cóndor, cruza una vez más la cordillera. Llega a la pampa y vuelve a ser Neruda, en lugar de Caldillo de congrio, se propone una Carbonada. Entonces, la dibuja y sus manos juegan a los dados con papas, zanahorias y zapallos. Corta los mosaicos de carne vacuna y oligárquica. Su olfato pide hierbas; sus ojos, la cebolla. Un alambre lírico sostiene la olla sobre el ojo del fuego. El viento pampero va y viene con las décimas de Fierro que pasan por una guitarra. El poeta vuela. El gran pájaro vuela y sigue. Al otro lado del río de la Plata, quiere Chivitos uruguayos y se encuentra en la ribera con sus comensales. Sabat Escarty ya es un sueño de libros y canciones universitarias.

Pablo sube los ríos y sube por la historia. En Asunción ha de comulgar Sopa paraguaya bendecida, lo hará en el mismo plato cotidiano que Roa Bastos usó para masticar “Yo el Supremo”.

El Chaco impenetrable lo camina, pasa por sus vísceras, lo transporta y lo lanza a Santa Cruz de la Sierra, donde prueba el Majau de pato que por el arroz le evoca una paella. La máquina de los días y las noches lo lleva hasta Oruro, su boca recibe la Quínoa, alimento incaico. En Oruro participa de una diablada y viaja a Iquique con sus máscaras y sus plumas. Se acuesta en la arena. En el puerto se sube a un barco de carga donde consigue un camarote. Entre las cortinas de la niebla, aparece en El Callao. Alguien canta a Chabuca y lo despierta. Se alimenta con Ají de gallina y hace el amor y vija. Busca en las mesas de Guayaquil el Ceviche postergado en Lima. Entra en estado de “Huasipungo”.


Se gana un viaje a Bogotá, allí donde todos escriben. Una modesta familia colombiana lo reconoce y lo invita a su casa. En la mesa sencilla le ofrecen Bandeja Paisa y Arepas. El poeta delira.

Después llega a Panamá y sólo hay comida imperialista. Le cuesta conseguir Tamales. Entonces, huye. En Costa Rica lo celebran con un Arroz a la Tico, donde el pollo está perfumado con todas las hierbas del Paraíso. En El Salvador un mago cocinero le enseña la magia de las Pupusas y los secretos del comal. En Haití, estudia el Chictay y toma el poder en una sartén con arenques, echadotes y chiles. Brinda con ron Barbancourt, lee “Bon Dieu rit” de Edris Saint-Amand y se escapa del vudú.

Para sobremorir el poeta descansa otra vez como marinero. Navega y avanza. Llega a Santo Domingo, cena y regala la apología de ese puré de plátanos que es el Mangú. En Managua, aprende la confección de Nacatamales y después de varios almuerzos, llega a Honduras y devora enamorado las Montucas. Los granos pisados de los elotes en su memoria son las Humitas. Escribe la Oda al achiote (que es casi la misma Oda a la chiltoma con algunas variantes gramáticas y políticas).



En Guatemala lo espera Miguel Ángel Asturias que le enseñará a cocinar Gallo en chicha. Comen, beben, insultan y cantan. En México es homenajeado por Alfonso Reyes con Guajolote en mole poblano. Comienzan a brindar por amigos y enemigos comunes. A los postres ya está hablando en francés y ha pensado en siete mujeres, en seis libros, en dos o tres religiones y en un solo partido político. Como el fantasma de Trotsky lo persigue, se enoja y se toma el avión. Por una invitación oficial de los venezolanos, llega a Caracas para defender un Pabellón criollo y sus correspondientes Arepas. Paga las atenciones recibidas con eso que los franceses llaman “pierrade”. Es decir, se pone a cocinar sobre una piedra muy caliente los alimentos de un cántico: Poema Infinito. Este canto, de una forma alarmante, se parece a Piedra Infinita del mendocino Jorge Enrique Ramponi.

En Brasil, luego de varios días de ayuno, de baños de mar y de estrellas, le entrega su estómago a una Feijoada digna de Jorge Amado. En San Salvador de Bahía de Todos los Santos, los hechiceros lo limpian y lo sanan.

Viaja a La Habana y lo invitan con Moros y cristianos. Recibe un llamado de José Martí y por fin, regresa al cielo verde donde el único alimento es el maná.



VICENTE HUIDOBRO EL QUE VA
EN UN BEEFTEAK A LO POBRE


Vicente Huidobro el que va en un beefsteak a lo pobre, plato vencedor de la muerte. Detrás viene el caldo en la sopera y cucharón en mano, el cocinero.


Estamos en la sacristía de la cocina. Somos parte de los diezmos, de las tocatas, de las fugas, de la amistad de servilletas con manteles y del trabajo de infernales hornallas y campanas con humo y chimenea.

Las especias, como jazmines en el aire y la rosa de los vientos, saludan con respiraciones de ollas y marmitas de barro. Es América morena la que se alimenta del poeta visionario de las luciérnagas del bosque, de las papas nocturnas y de los amanecidos frutos del mar que servirán de aperitivo.

Una pluma vicentina embebida en los vinos del Huidobro canta el aria de la cebolla dorada en manteca que acompañará al nido de papas fritas. En el plato refulge la emoción del ajo y la sonrisa del perejil esparcido sobre el bife que mira a través de los ojos de los huevos fritos.

Comensal de la inteligencia, nunca dejes de ser una rara tristeza afinada por la chaira de la ironía. ¿Hay algo más vivo que un canasto para salir a comprar nuestras letras curtidas con sal de lápidas y herrumbres de amarguras?

Tuya es la lengua que ya no prueba ranas ni caracoles, sólo bifes a lo pobre. Tuyo, el negro paladar que saborea epitafios y aforismos. Es la hora de tu digestión y es tu pueblo el que te almuerza.


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